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Alqueró, Tomás |
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Bianchi, Giovanni
Andrea |
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Camilloni, Carlos |
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Dreidemie, Alonso R. P. Oscar Juan S.
J. |
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Fasce, Antonio |
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Font, Antonio |
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Gallardo,
Rodolfo |
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Grenón, Pedro |
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Kronfuss, Juán |
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López, Martín |
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Mena, Alfiero |
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Moyano Oscariz, José |
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Pons, Rosendo |
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Sesmero González, Alejandro |
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Vespignani, Ernesto |
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Alqueró, Tomás |
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Nació por 1863 en Mora d’Ebro, pueblo enclavado en la
Provincia de Tarragona, región de Cataluña, España.
Llegó al país alrededor de 1887. Residió en Córdoba y en
1893
decide
trasladarse
a Villa del Rosario.
El 30 de septiembre del mismo año se casó con Mercedes
Luque,
en
cuyo
acto manifestó ser “Arquitecto de profesión”.
En Villa del Rosario, fue el responsable de la
construcción de buena parte de los nuevos edificios
institucionales que se edificaron entre 1884 y los
primeros años del siglo XIX.

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Bianchi,
Giovanni Andrea (1675–1740) |
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En
Campione,
un pequeño pueblo italiano en el valle de Intelvi,
el 24 de noviembre de 1675, nace Giovanni
Andrea. Perteneció a una
familia de arquitectos, constructores y artesanos, integrantes
de la famosa escuela o movimiento de Maestri Campionesi
lombardos, de gran significación en la historia del arte
italiano.
Hasta
los treinta años permaneció en su pueblo natal, presumiblemente
vinculado al arte de la construcción. En 1716 se registra su
presencia en Roma. Es en esa ciudad donde proyectó la Planta del
pórtico y la fachada principal de la Basílica de San Juan de
Letrán de la Farnesina, Catedral del Papa como Obispo de Roma,
fechado como terminación el 15 de enero de 1716 y llamado “Idea
para San Giovanni in Laterano”. Posiblemente, la única obra que
realizó en el viejo continente y además, es la única debidamente
documentada que llegó a nuestros días.
Se inscribió en el Noviciado Jesuítico de Sant’Andrea al
Quirinale, con la idea de venir a las misiones del Paraguay. El
documento de ingreso está encabezado con la siguiente
referencia: “… Fue abrazado como Coadjutor Gio Andrea Bianchi,
milanés…”. Por lo tanto, aunque en mucha información
americana figure como “Padre, es decir sacerdote, en realidad,
fue un simple religioso sin órdenes sagradas: “coadjutor”
temporal.
Participa con un heterogéneo grupo de novicios provenientes de
varios países que estaban capitaneados por los padres Bartolomé
Ximéñnez y José Aguirre, venidos de las misiones del Paraguay con la tarea, entre otras, de reclutar nuevos miembros para las
obras de la institución en América. Estuvo primero en Génova y
luego en Sevilla, permaneciendo
cuatro meses en el Noviciado, donde pudo tomar contacto con el
arte del levante español.
En mayo de 1717, tres naves parten de Cádiz, en ellas viajan
setenta jesuitas españoles, italianos, suizos, un griego y dos
franciscanos peruanos. El padre Lozano, integrante de la
expedición dijo: “… fue la más numerosa que jamás había
navegado a Indias”. Entre los italianos, por
su labor en el virreinato, se destacaron Domenico Zípoli,
Giovanni Battista Prímoli y Giovanni Andrea Bianchi.

El 13 de julio de 1717,
Andrés Blanqui, como se lo conoció en el
Río de la Plata, a los cuarenta años de edad llegó a Buenos
Aires, aparentemente con un nivel de preparación tal, en
arquitectura, que le permitió desarrollar su intensa labor a lo
largo de más de veinte años. En septiembre ya estaba en
Córdoba, donde debía concluir el período canónico para ser
recibido oficialmente por la Orden.
Es probable que haya participado en la continuación de las obras
del Noviciado Nuevo, actual Residencia, donde él estuvo alojado,
bajo planos del Hermano Juan Krauss. La primera noticia de su
actuación como arquitecto es dada por unos pagos efectuados, en
1719, en La Calera, para la construcción de un horno de cal.
Es su primera obra en tierras americanas.
Monseñor Pablo Cabrera primero y Guillermo Furlong después,
opinan que Blanqui participó en la construcción de la Capilla
Vieja, lo cual es poco probable que haya sucedido. No hay
documentación al respecto y la sencillez de la planta más la
simplicidad de la fachada hacen suponer que el hermano Blanqui
las hubiera resuelto con una mayor riqueza. Distinto es lo que
ocurre con el altar por su calidad formal, superior a lo que se
estilaba en la época.
En marzo de 1720, con los Hermanos Savizaro y Guimet, en
sendas carretas, parte para Buenos Aires donde permanecerá ocho
años. Participó activamente en obras como la Iglesia del Pilar,
proyecto de fachadas y torres para la Catedral, el edificio del
Cabildo, Iglesia de San Francisco y Capilla de San Roque,
Iglesia y Residencia de Nuestra Señora de Belén (San Telmo),
Iglesia de Nuestra Señora de la Merced, Iglesia y Convento de
Santa Catalina de Siena y la
Iglesia y Colegio de San Ignacio.
Requerido por el Cabildo de Córdoba, el
Hermano Blanqui es
destinado a la capital de la Provincia jesuítica, participando
en la que fue una de sus principales incumbencias: la
prosecución de las obras de la Catedral, fundamentalmente en el
proyecto del pórtico.
En 1728, el Visitador Jerónimo Herrán, escribe al Rector del
Colegio de Córdoba: “… en viniendo el Hermano Andrés Blanqui
dirigirá la obra de este Colegio y
la del Colegio Convictorio y también la de Alta Gracia, Jesús
María y San Ignacio de los Ejercicios o Calamuchita, se suerte
que en ninguna se lo precise a que trabaje personalmente, sino
solo a que cuando fuese necesario, vaya prontamente dicho
Hermano a todas y cada una de ellas para dirigirlas…".
En esta etapa de trabajo en Córdoba, lo hizo en varias obras,
aunque existe una tendencia a hacerlo participar en todas las
importantes de la arquitectura colonial , en muchos casos sin
una documentación respaldatoria que avale esa tesitura.
Se sabe, según D.
H. Sobrón, que bajo su dirección, con o sin sus
proyectos, participó en el edificio del Colegio Universidad:
locales como la biblioteca, los corredores del piso superior,
las bóvedas de los aposentos que miran al este. Se prolongó un
corredor, se construyeron nuevas escaleras y se comenzó un
claustro, levantando sus arcos del primer nivel.
En la parte
reservada para habitación de los jesuitas, en el piso alto, se
hicieron aposentos y un corredor. También construyó buena parte
del edifico del Convictorio de Monserrat con la Capilla. Y en
la quinta Santa Ana, locales para habitación.
Participó en Alta Gracia, aunque la documentación es escasa para
llegar
a
definir con propiedad, en que obras lo ha hecho.
En Jesús María el seguro aporte de Blanqui se circunscribe al
ala norte, a la construcción descripta por las Annuas de esos
años como “…
el nuevo edificio…”, “… cómoda y sólida
casa habitación para los nuestros y … nueva bodega del vino”.
En su ir y venir a Córdoba, es muy probable que también haya
actuado en la Estancia de Caroya, al menos en alguna
supervisión. Lamentablemente el alto grado de deterioro que
sufrió la construcción
y su posterior reconstrucción, más la
carencia de información precisa,
borraron toda posibilidad de
vislumbrar alguna acción de Blanqui.
En 1739, por escasos dos meses fue a Buenos Aires para dirigir
las obras del Convento de las Monjas Catalinas. A su retorno
continuó con la construcción de las bóvedas de los corredores y
aposentos de la planta alta del Colegio Máximo de Córdoba.
Después de realizar una ímproba labor a lo largo de veintitrés
años, en el área de la arquitectura de Buenos Aires y Córdoba, a
la edad de sesenta y cinco años, en la Navidad de 1740, los
claustros de la Residencia de Córdoba lo vieron partir hacia el
descanso eterno.

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Camilloni, Carlos
(1882-1950) |
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Nacido en Ancona, Italia, el 17 de diciembre de 1882, llegó a
Buenos Aires a la edad de cinco años.
Su formación artística comenzó en esa ciudad, en “Estímulo de
Bellas Artes”
(hoy Academia Nacional de Pintura), teniendo insignes maestros
como Sívori, Della Valle, De la Cárcova y Lucio Correa Morales.
A
los 19 años de edad, obtiene una valiosa distinción por
un trabajo ornamental. Motivos indígenas, de la fauna y la flora
regional, despiertan en el joven artista sus inclinaciones hacia
la decoración con aplicaciones de elementos autóctonos.
Dice Efraín U. Bischoff: “…
avanzó con creatividad y talento en su carrera, y paulatinamente
en el ambiente cultural comenzó a destacarse su pincel. Se
inclinó hacia la decoración, teniendo una exacta vibración para
su dibujo y una autenticidad feliz en el colorido de sus
imágenes.” ,
y
más adelante,
continúa:
“…
emocionábase ante el deslumbramiento del paisaje de las
serranías y de ahí que muchas de sus telas ofrecen esa impronta
de su espíritu ...”.
Después de trabajar en Buenos Aires, Santa Fe y Rosario, llega
a Córdoba, en 1912, y forma parte del equipo para la decoración
de la Catedral de Córdoba conjuntamente con Emilio Caraffa.
También decoró la Capilla del Seminario Conciliar y el Salón de
Grados de la Universidad Nacional.

En 1917 embelleció la Iglesia de San José de las Hermanas
Dominicas.
Con motivo del tercer centenario de la fundación del Monasterio
de Las Teresas, en 1927, decoró con pinturas murales el
interior de la iglesia. Este es uno de sus mejores trabajos de
tipo decorativo, obra en la cual la línea de la estructura
arquitectónica y la pintura, en armoniosa conjunción de tonos
bajos, del arte Hispano-Americano, han logrado el ambiente
místico que corresponde a una casa de oración.
En 1937 decora la Iglesia Parroquial de San Vicente. En 1941,
la de Lourdes en Alta Gracia y el Camarín de San Nicolás de Bari
en La Rioja.
Desde 1928 hasta su muerte, acaecida el 15 de agosto de 1950,
fue profesor de la Academia de Provincial de Bellas Artes,
ejerciendo además, la docencia en la Facultad de Arquitectura de
la Universidad Nacional de Córdoba.
No pocas colecciones públicas y privadas exhiben sus cuadros y
una de las salas del Museo Provincial de Bellas Artes lleva su
nombre por iniciativa de Luis Roberto Altamira cuando fue
director de esa institución.
Entre sus telas más celebradas: "Iglesia de la Compañía",
"Interior de mi taller", "Claustros de las Teresas",
"Córdoba Vieja", "Cerros Colorados de Famatina".
Pero quizá la nota más sobresaliente de su arte refinado, se
halla en sus acuarelas místicas, verdaderas joyas, donde las
luces y las sombras juegan envueltas en jugoso cromatismo.
Dice el
Arq.
Ángel Lo Celso, en su obra Cincuenta Años de Arte Plástico en
Córdoba: “...
La imponente majestad de las bóvedas claustrales, la placidez de
los ambientes representados en tonos ocres y amarillos muy
suyos, los altares, púlpitos, todo lo expresó en sus cuadros con
rica amalgama de tintas de dimensiones tonales, teñidas a veces
de algún rojo veneciano, acusado por los colgantes de felpa y de
raso.”
“Frente a los trabajos de este artista y maestro se siente
especialmente la calidad de su realización, la técnica segura,
el gran vuelo inspirador que guía sus pinceles y su rica vena
espiritual. El natural señorío de su alma y su valía como pintor
y pedagogo, hizo que los alumnos y colegas de labor docente,
recuerden con gran
afecto a Carlos Camilloni. Su nombre se vincula a todo un
período artístico de Córdoba, haciendo un bien inmenso en pro
de su valor estético y cultural
...”.

Cantoría - Carlos Camilloni
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R. P. Dreidemie Alonso,
Oscar Juan S.
J. (1903–1969) |
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Leyendo un diario de Córdoba, bajo el título: “LA MORADA QUE
QUISO EL R. P. DREIDEMIE”, con motivo del traslado de sus
restos, en
1970,
desde el cementerio San Jerónimo de Córdoba, a la Iglesia de la
Estancia de Jesús María, pudimos acercarnos a su vida y a su
prolífica labor.
Había nacido el 11 de febrero de 1903, en Buenos Aires, aunque
su niñez transcurrió en Mendoza. Realizó sus estudios en el
Seminario Conciliar de Villa Devoto y posteriormente en la
Universidad Pontificia de San Miguel. En 1918 ingresó a la
Compañía de Jesús.
Doctor en Filosofía y Teología, escritor, licenciado en estudios
arqueológicos, siendo en
esta disciplina, discípulo del profesor Debenedetti, a su vez formado por el maestro Ambrosetti.
Investigó los testimonios de la cultura indígena y procedió a la
restauración de edificios
que fueron centros históricos o
religiosos.
 |
Esos esfuerzos suyos permitieron que se realizaran excavaciones
en el norte y oeste del país y la reconstrucción de las ruinas
de San Ignacio, la Posta de Sinsacate y la Estancia Jesuítica
de Jesús María, donde terminó de asentar su laboriosa
existencia. La muerte lo sorprendió,
un 14 de agosto de 1969,
en momentos en que estaba
dedicándose a la restauración de la Estancia de Caroya.
El noble investigador del pasado, tiene su obra mayor,
precisamente, en el museo de la
Estancia,
hoy Museo Jesuítico Nacional de Jesús María. |
A posteriori de la declaración de la estancia como Monumento
Histórico Nacional, inició allí la labor de reconstrucción del
edificio, encontrándose con una villa de emergencia, por lo que
debió comenzar por realizar una tarea de carácter social, de
erradicación y nuevo asentamiento de las personas que habían
levantado precarias viviendas en el sitio. Luego, la
restauración propiamente dicha de la capilla y más tarde, la
creación del museo, para lo que recorrió incansablemente las
demoliciones de Córdoba y rescató del despojo o del olvido,
verdaderos tesoros del arte colonial que, ahora recuperado y
clasificados por él, tienen allí ámbito propicio para la
veneración o contemplación de los visitantes.
Por cierto, no fue ésta su única labor.
Ejerció la cátedra en
el Colegio del Salvador en Buenos Aires, de la Inmaculada
Concepción en Santa fe y en Córdoba.
Dictó cursos en varias
Universidades
Nacionales y extranjeras.
Organizó en Salta el Museo Arqueológico del Norte.
Fue director de la Academia Literaria del Plata.
Integró la Junta de estudios de Historia Eclesiástica Argentina
y la Revista “Estudios”.
Fue jefe de publicaciones del Observatorio de Física Cósmica de
San Miguel.
Colaboró en 1964 y 1966, en la Bienal Americana de Arte de
Córdoba.
Presidió la Dirección Nacional de Arqueología.
Fue delegado de la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos para las provincias del
Norte, Centro y Oeste.
Sus
trabajos de investigación los reunió en libros como:
Antología Castellana, El teatro en la época precolonial y
colonial argentina, La Agricultura en las misiones guaraníticas
e Historia de los Establecimientos Rurales Jesuíticos, entre
otros títulos.
A
su gran personalidad científica unía otras condiciones del
carácter que hacían sumamente agradable su trato, como la
simpatía, el humor y la bondad, que no era especulación ni
argucia sino auténtica y espontánea expresión de su espíritu
generoso.
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Fasce, Antonio |
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De origen italiano, estudió dibujo y pintura en
Florencia bajo la dirección de consagrados artistas como
Girolano, Becucci, Ángel y Dono Lombardini. Tenía
antecedentes de trabajos meritorios realizados en la
Iglesia de Diamante y el Obispado de Paraná (E. R.) y la
Iglesia de San Francisco.
En
la Iglesia de
Capilla de los
Remedios proyectó y ejecutó la decoración del templo y
cambió íntegramente el pavimento teniendo especial cuidado
de que armonizara con el resto de la decoración. Pintó los
cuatro evangelistas en las pechinas, el profeta David en
el tímpano; el cuadro del Bautismo de Nuestro Señor
Jesucristo; ejecutó al fresco en el vano que queda en el
frontón de la fachada, la imagen de la Virgen de los
Remedios; todo, con un profundo conocimiento de la
plástica de la figura y del ornamento.
Decía un cronista de ese momento: “...De los detalles
que adornan el conjunto de esta magna obra pictórica, no
hablemos, nada dejan que desear en cuanto a los que
expresan y sin temor a equivocarnos podemos afirmar que
son los primeros que se aprecian en
la Provincia por su exquisito realismo, por su
distribución artística y por su perfecta fidelidad al
estilo renacimiento…“.
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Font, Antonio |
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Este prestigioso retablista nació en Mataró, Cataluña por 1854 y falleció en Córdoba
en el año 1919. El profesor Infante presume que realizó
estudios en la Academia de Bellas Artes de San Jorge.
Llegó a Córdoba a la edad de veintiún años, instalando un
pequeño taller artesanal para construir altares de su
autoría, en la primera cuadra de la calle Rivera Indarte,
para pasar luego a la calle Rosario de Santa Fe. Dice el
Prof. Infante que “Don Antonio enseguida vio, en
nuestra Córdoba, un campo propicio. Sus innumeras
iglesias eran grandes recintos vacíos, hasta bien entrado
el siglo XIX. Había algunas que no tenían ni
escaños, [solo estaban] blanqueadas por dentro…"
En la década de 1880, uno de sus primeros trabajos fue la
pintura general , dorado y restauración de la bóvedas de
la Iglesia de la Compañía de Jesús, además de la
confección de un frontal de madera tallada y dorado.
Realizó el altar mayor y púlpito de las Catalinas ;
pintado y dorado del altar mayor de las Esclavas, el
dorado del púlpito y el tabernáculo de la Iglesia de la
Merced. El taller de Font tuvo trascendencia nacional.
En la
Iglesia de
Capilla de los
Remedios
es el altar mayor el que acapara
la atención, perteneciendo a su taller el resto de los
altares.

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Gallardo,
Rodolfo (1930–1993) |
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Releyendo al Arq. Juan Manuel Bergallo en sus comentarios
biográficos sobre el arquitecto Rodolfo Gallardo, podemos
enterarnos que nació en Saturnino María Laspiur, en el este
cordobés, un 8 de febrero de 1930.
A
pesar de los antecedentes políticos heredados de su padre el Dr.
Alejandro Gallardo, que militó en la Unión Cívica Radical y fue
senador provincial y luego vicegobernador de la Provincia de
Córdoba (1936-1940) ; “ sus aptitudes e intereses lo llevarían a
desarrollarse en otros ámbitos y así estudió y egresó de la
Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional
de Córdoba, donde descubrirá su verdadera vocación: la historia
de la cultura y de la arquitectura en particular, y la actividad
docente dentro de esa disciplina, investigando y profundizando
sus contenidos en el contexto local, nacional y
latinoamericano”.
Fue profesor titular de la Cátedra de Historia de la
Arquitectura, en la F.A.U. de la U.N.C. , cargo obtenido por
concurso, entre 1983 y 1993.
“La materia de grado, ”Historia de la Arquitectura
Latinoamericana” fue creada por el Arq. Gallardo, y su programa
curricular ha producido desde entonces el necesario conocimiento
y reflexión, por parte de los estudiantes de la Facultad de
Arquitectura, de la particular historia y realidad del medio
cultural en el que estamos insertos y en el que deberán actuar
profesionalmente.”
“Los mismos conocimientos curriculares fueron trasladados a la
Facultad de Arquitectura de la U.C.C., donde el Arq, Gallardo
ocupó el cargo de Profesor Titular de Análisis Crítico de la
Arquitectura III.”
Estudioso infatigable, realizó numerosos cursos realizados por
el Instituto Interuniversitario de Especialización en Historia
de la Arquitectura, con figuras de la talla de Pevsner, Argán,
Taylor, Chueca Goitía, Scully, Banham y Eco.
Fue, además, miembro fundador y activo participante del
Instituto Argentino de Investigaciones de Historia de la
Arquitectura y Urbanismo.
En 1963, en Brasil, realizó investigaciones sobre
características regionales del Barroco Mineiro. Entre 1973 y
1974, fue becario de la O.E.A., en Méjico, donde realizó
estudios sobre Conservación y Restauración de Bienes Culturales.
“Desde 1969 , como profesional de la entonces Dirección de
Historia, Letras y Ciencias de la Provincia, y luego, a partir
del 13 de octubre de 1976, como Director de esa repartición,
intervino personalmente en la restauración y puesta en valor de
un importante conjunto de monumentos históricos que hoy
constituyen un significativo legado para todos los cordobeses :
la Casa de Caroya , el Oratorio del Rosario de
Avellaneda, las iglesias de san Roque y del Pilar en Córdoba, la
Casa Natal del Cura Brochero en Santa Rosa de Río Primero y la
Casa Ordoñez, ex Casa de Gobierno y sede tribunalicia, hoy sede
de la Biblioteca Córdoba, entre otros.”
En base a sus méritos, fue nombrado Vocal de la Comisión
Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos, y Miembro
de Número y luego Presidente de la Junta Provincial de Historia
de Córdoba.
“Pero quizás, sean sus escritos los que mejor sintetizan su
fina sensibilidad, su vena poética, sus múltiples intereses y
su amplia erudición.”
Sus escritos en la Voz del Interior en la década de 1980; La
Iglesia del Bom Jesus de Matozinhos de Congonhas do Campo; La
Arquitectura Religiosa de Córdoba en el período hispánico; La
Casa Grande Caroya, predilecta de la Historia; Las Capillas
Rurales de Córdoba; El Monserrat, trescientos años; y Las
iglesias antiguas de Córdoba son algunas de sus obras que
merecen destacarse.
“La perdida temprana del Arq. Gallardo el 17 de agosto de 1993,
a los 63 años, enlutó a la vida cultural cordobesa y su figura,
dada
la trascendencia de su trayectoria, se ha acrecentado hasta
hoy.”
Efraín U. Bischoff cerraba su
recordatorio en las III Jornadas de Alta Gracia:
“…
no
es necesario hacer una circunstanciada revisión de sus títulos.
Muchas veces éstos, no dan la verdadera dimensión de una
personalidad. En Rodolfo Gallardo estaba un fornido estudioso y
un hombre que practicaba la gimnasia de la moral y del acento
amistoso, cotidianamente, con permanente lozanía. Hizo siempre
lo que le dictó su corazón, en los trances de la incertidumbre y
en aquellos donde sabía de su futuro éxito. Lo doloroso no es
que haya muerto. Lo doloroso es que ya no podemos escuchar su
palabra ni aprender la metáfora de sus lecciones.”
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Grenón, Pedro |
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Frente la
Capilla
de Santa Ana
en Córdoba Capital, una plazoleta, casi totalmente cubierta
por un hermoso palo borracho, evoca el nombre del Padre
Pedro Grenón.
Este sacerdote jesuíta
fue un historiador preocupado por el patrimonio de
Córdoba. Tuve la dicha de conversar en varias
oportunidades sobre temas relacionados con la historia del
jesuitismo. Por alguna razón que desconozco, una imagen
me viene a la memoria sobre otras muchas: ya muy mayor,
con su larga sotana que hacía tiempo había pasado de negra
a gris ratón, con una brocha en una mano y en la otra un
balde con cal, lentamente pintaba de blanco los graffitis
de inapropiadas leyendas que habían pintado en la fachada
del Colegio de Las Huerfanas mientras
que,
amablemente,
saludaba a los transeuntes.

El padre Pedro Grenón nació en
Colonia
Esperanza
(Santa
Fe)
el 26 de julio de 1878.

Casa paterna en Esperanza - Santa Fe
(Primera edificación de la Colonia construída con
ladrillos cocidos)
Dibujo de Pedro Grenón
Inició
sus estudios primarios en la escuela local prosiguiéndolos
en el Colegio de la Inmaculada de Santa Fe. Ingresa
en el Noviciado de los jesuitas, en Córdoba en el año
1888, completando luego sus estudios en lenguas, filosofía
y teología en España. El 26 de julio de 1911, es ordenado
sacerdote jesuita. Al regresar al país se desempeñó como
profesor de francés e historia en el Colegio de la
Inmaculada de Santa Fe. Es
trasladado a Córdoba en 1914, donde comienza a trabajar
con los vecinos de los barrios más pobres de la ciudad.
Sus superiores le encargaron historiar todo lo referente a
la Compañía. Fue fundador de la Academia de Historia de
Córdoba, miembro de la Junta de Historia Eclesiástica
Argentina, miembro de la Junta Provincial de Historia,
vocal del Congreso Argentino del Norte y Centro,
Consejero
de la Primera Semana de la Historia de Córdoba, presidente
de la Comisión de
Nomenclador
de calles y monumentos de Córdoba, delegado al Centenario
de la fundación de Villa Dolores, premiado por su Historia
de Laguna Larga.

En 1973 donó a la Municipalidad de Córdoba, toda su
producción literaria e histórica. Murió el 3 de abril de
1974, en la Clínica Reina Fabiola de Córdoba.
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Kronfuss, Juán |
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En territorio del Imperio Austrohúngaro, a orillas del Danubio,
el 19 de julio de 1872, nacía Johannes Kronfuss.
 |
“…fueron su padre Mateo Kronfuss y su madre María Ertlbauer
los que lo enviaron río arriba a la capital del Imperio, a
la Viena bohemia de los Habsburgo, del Belvedere y del
Castillo de Schönbrunn, de la Iglesia de San Carlos de
Borromeo y del Palacio Imperial. Había recorrido el
Ringtrasse donde sobre el anillo de las viejas murallas se
construía la Avenida de Circunvalación, en una euforia
constructiva que levantaba importantes obras públicas,
llegado también a la alegría de los bares del bosque donde
el violín arrancaba las melodías de los Strauss y Franz
Lehar comentaba sus éxitos de la Viuda Alegre y el Conde de
Luxemburgo
…”. |
En 1893 tomó la decisión de estudiar arquitectura y partió para
Munich, en la Alemania meridional. Llegó, ávido de aprender, a
la Real Facultad de Ciencias Técnicas de Baviera donde concluye
sus estudios de ingeniero en 1897. Allí también, en ese centro
artístico de exquisita cultura, pasa muchas horas aprendiendo
pintura, dibujo, grabados.
Por dos años consigue empleos en la Municipalidad y otra
vocación, la de la docencia se perfila ya en él, al desempeñarse
con competencia en la Escuela Industrial de Bamberg.
Habiendo salido triunfante en el Examen Absolutorial para el
ramo de la Arquitectura, vuelve a Viena para unirse a la bella
Ernestina Handl, el 10 de octubre de 1898.
Ya instalados en Munich, donde Kronfuss ejerce su tarea docente,
cuatro años después, nace su único hijo Herwart Elmer.
Construye la Sinagoga y las Tiendas Tietz en Bamberg, en la Alta
Franconia, el Hotel Imperial en Karisbab a orillas del Ohre en
Bohemia, el Hotel Astoria en San Petersburgo, capital del
Imperio de los Zares.
Gana el Concurso del Panteón en Francfort Am Main, el 3º Premio
en el Concurso de una Escuela en Colmar, en los Vosgos, Francia;
el 2do. Premio del edificio de la Facultad de Arquitectura en
Munich.
Muy lejos de esas obras, en el sur del continente americano,
cuando nuestra Argentina estaba gobernada por un cordobés, el
Dr. José Figueroa Alcorta, (1895-1898), la Facultad de Ciencias
Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires,
que todavía funcionaba en la Manzana de las Luces, se
vio en la necesidad de contar con nuevas instalaciones para su
alumnado. Es por ello que, inspirada en los cánones
establecidos en la década del ochenta, cuando la fundación de la
ciudad de La Plata, se llama a un Concurso Internacional del
cual resulta ganador Johannes Kronfuss. Su lema fue “Fiat
Lux”, ganó los 10.000 pesos oro del Primer Premio, el
derecho de ver realizado su proyecto y el de tener a su cargo la
dirección técnica de la obra.
“Votre projet Fiat Lux premier prix, firma Krause – Doyer”
(dos de los jurados), le notificaban el 14 de noviembre de
1908.
Al año siguiente, el 3 de abril, firma contrato con el Ing.
Carlos Massini, Director General de Arquitectura de Obras
Públicas de la Nación. En Bamberg, Bayern, trabaja afanosamente
sobre el proyecto de Argentina y en febrero de 1910, año del
Centenario, llega a Buenos Aires, con su esposa y su hijo de 8
años.
Como el contrato exigía la residencia en Buenos Aires “…
mientras duren los trabajos y proveedurías
…”, prácticamente
“quemó las naves”, como Cortés. Vendió sus muebles en Europa,
rescindió todos sus contratos, dejó el Profesorado de Bamberg.
“Venía
a entregarse de lleno a la fecunda obra que le esperaba en
Argentina. Venía siguiendo su viaje al oeste, en la Ruta del
Sol, venía lleno de encendidos bríos, ávido de lanzarse a
acometer la empresa, tensa la fibra de su espíritu sensible”.
El estado argentino le deparará una triste sorpresa. Sobre el
terreno en que se debía construir la Facultad, se hizo otro
edificio y el solar por el cual se había canjeado, fue vendido
antes de comenzar la obra.
Ante esta circunstancia tan negativa, decide renunciar al
contrato, aún sin reclamar compensaciones; lo hizo en 1911 y en
febrero de 1913 se concretó el acto administrativo con la firma
del Presidente Victorino de la Plaza. Se perdió de esta manera,
la posibilidad de contar con un valioso edificio por la
jerarquía del proyecto y por los fines didácticos que
perseguía.
Entre los años mencionados tuvo muchos trabajos que lo
retuvieron en el país. Intervino en el Hotel de Inmigrantes, una
portentosa obra de un país en crecimiento.

Los alemanes de Buenos Aires, contrataron a su connacional,
para diseñar el Cementerio Alemán. Kronfuss tenía un especial
interés en todo lo relacionado con el arte funerario, tal vez,
proveniente de su formación romántica. En 1922, cuando ya estaba
radicado en Córdoba, la editorial Biffignandi publicó su libro,
Monumentos Funerarios con cien modelos de panteones llenos de
alegorías y adaptados a las características de la persona que
debía enterrarse.
Anclado en Buenos Aires, comenzó a frecuentar a sus
compatriotas, en esos primeros años de la década del diez, y
recibe varios trabajos que resolverá en los términos de los
precursores del Movimiento Moderno, con marcada presencia del
Art Nouveau, en sus versiones alemanas y austríacas. Diseña la
Iglesia Húngara, en calle Freire 1739, y los edificios de
compañías importadoras como Staudhaus de calle Bernardo de
Irigoyen 330, el Wolf y Schöeder de calle Moreno 433 y el Hirsch
y Zollfre de Cangallo 1843. Proyecta la Casa de Comercio
Mercantil y Cía. de Bs. As, y varios hoteles y chalets de lujo
en Rosario y Buenos Aires.
En Bvd. Oroño 1170 de Rosario, levanta la mansión de la familia
Martínez Zinny y en Buenos Aires, la de la familia Martínez de
Hoz, en Martín Aguado 2881, hoy sede de la Embajada de Turquía.
Es en esta obra donde se marca un encuentro que lo traerá,
definitivamente a la ciudad de Córdoba. En efecto, conoce al
Dr. Ramón J. Cárcano, cuya hija Carola se había casado con
Miguel Alfredo Martínez de Hoz, propietario de la mencionada
obra.
Por Decreto 5500 Serie A, el gobernador de Córdoba Dr. Ramón J.
Cárcano, el 6 de agosto de 1915, lo nombra Director General de
Arquitectura de la Provincia.
“…
Allí se inicia una amistad que durará toda la vida. Ramón J.
Cárcano, abogado, político, diplomático, estadista, escritor,
historiador, y Juan Kronfuss hombre de gran sensibilidad
artística, arquitecto, pintor, profesor universitario, esteta,
transitaban por caminos convergentes, cuya meta por ambos
soñada, era la valoración de nuestro patrimonio
…”.
 |
En 1916 construye la ampliación de la Legislatura Provincial y
el Museo de Arte Emilio Caraffa, siendo este último, hijo
directo del Museo Politécnico de la Provincia y el segundo
proyecto que produjo para el museo que llegó a nuestros días.
En ambos edificios están presentes las líneas curvas
así como
las superficies ovaladas
tan
propias del barroco
germánico.
|
“Esta es la piedra de mayor trascendencia que haya vivido
Córdoba después de la consolidación del dique San Roque, esta
misma semana”,
dijo el 10 de diciembre de 1921 el entonces ministro de Obras
Públicas de la Provincia, Fernando Romagosa, en el acto en que
se colocaba en barrio San Vicente la piedra fundamental del
primer plan masivo de viviendas de la Provincia de Córdoba y que
fuera proyectado por Kronfuss en estilo neocolonial. Las 99
viviendas se entregaron en el año 1926.
En el mismo año de este proyecto, hizo el de la Cárcel de
Encausados y al año siguiente el Hospital para Tuberculosos
Nuestra Señora de la Misericordia.
En 1925, en el comienzo de la segunda gobernación de Cárcano,
integró junto a destacadas personalidades, tales como Arq.
Martín Noel, Dr. Miguel Ángel Cárcano y el Pbro. Dr. Pablo
Cabrera, la Comisión Asesora ad-honorem para restaurar le
llamada Casa del Marqués de Sobremonte.
En el mismo año, proyectó la Capilla y Hospital Vicente Agüero
en la ciudad de Jesús María, verdadera joya neocolonial.
“…
Para ese entonces ya Kronfuss había dejado en Córdoba sus obras
fundamentales y la ciudad por él descubierta y sus cercanas
sierras, lo habían visto largas horas anotar en pesados
cartabones los datos de antiguas molduras, los forjados hierros
de alguna reja o las talla que el indígena arrancara a los
tableros de algarrobo de las viejas puertas, con ingenua gracia
y acendrado fervor”.
Al mismo tiempo que la ciudad incorporaba sus trabajos, en la
Universidad, la Legislatura, hospitales, escuelas, casas para
obreros, baños públicos, viviendas de categoría, iba naciendo
el libro, Arquitectura Colonial en la Argentina, editado
por Biffignandi, en 1927. A 85 años de su aparición sigue
siendo un material de permanente consulta.

El Arq. Rodolfo Gallardo se preguntaba el
“… por qué
este interés de Kronfuss por la Arquitectura Colonial de
Córdoba, o mejor aún por qué fue en Córdoba y no en otra parte
donde se encendió la chispa de su interés por la arquitectura
del período hispánico que luego abarcará más extenso territorio,
hemos llegado a una conclusión metafísica que linda en el campo
de las afinidades selectivas, aquellas en las que el
observador-artista sintió reencontrarse con los genes de su
Danubio natal, de la Selva Negra, donde artistas bávaros y
franconianos dejaron el repertorio formal del barroco que
recorre desde las intelectualidades de las configuraciones
espaciales al detalle artesanal, fresco e ingenuo, nacido en el
microclima de la vivencia del arte”.
“Ese “Barroco de las Cortes Católicas” como lo llama Arnold
Hauser, que había llegado al río de la Plata por obra de los
hermanos coadjutores jesuitas Arls, Kraus, Wolff, Weger, Roth,
Balthazar, Schmidt, cuya presencia reconoció en Córdoba y que le
permitiría, con toda naturalidad, terminar el frente de la
Universidad en líneas del barroco alemán
[1916], cambiando la impronta italianizante con que había
sido revestido a fines del siglo.
“Es que Kronfuss se sintió parte integrante de esa pléyade de
artistas que dejaron en las soledades de los valles serranos y
“Ad Majoren Dei Gloriam” la inspirada y tensa vibración de sus
espíritus”.
 |
En 1927, proyectó un edifico de 80 oficinas en Moreno al 300 de
Capital Federal, una de las mejores piezas del art decó porteño
y un hito de la influencia Mitteleuropa en el país.
En la actualidad,
prolijamente restaurado, se convirtió en hotel boutique
(foto a la izquierda).
En 1930 proyectó El Cortijo, residencia de Vicente Agüero en
Jesús María.
En 1933 diseña el Templete a Vélez Sarsfield, en la Biblioteca
Mayor de la U.N.C., conjuntamente con los profesores Arqs.
Salvador Godoy y Jaime Roca y el artista Carlos Camiloni.
|
A
fines de 1938, propuso dotar a Córdoba de una Casa de Gobierno.
Ya en la época del gobierno de Cárcano, desde la Dirección de
Arquitectura había proyectado un verdadero Palacio, oponiéndose
vivamente a la demolición del Cabildo, como había ocurrido en
otras provincias y radicándola en la Plaza Gral. Paz. La obra no
se llegó a concretar.
Dice el Arq. Carlos A. Page:
“… la figura de Kronfuss
trasciende los límites del tiempo que le tocó vivir. La
valorización de nuestro patrimonio fue una obsesión incansable.
Largas jornadas utilizadas para tomar apuntes de nuestra
arquitectura colonial, sus molduras, herrerías, tallas
indígenas. Pretendía revivir nuestra propia historia a través de
la recreación de la arquitectura colonial convirtiéndola en un
“revival” nacional. Con esto bregaba por despertar el
sentimiento de lo nuestro y desechar la mera repetición foránea,
que se importan en los diseños arquitectónicos. Utilizó todos
los medios disponibles para difundir sus ideas, en aquellos años
compartidos con una sensible intelectualidad que buscaba nuestra
propia identidad. Actuó principalmente desde la docencia, pero
también transfirió sus propios hallazgos a través de sus
escritos, conferencias y por cierto sus maravillosos dibujos”.

“La vigencia del pensamiento de Kronfuss, después de más de
medio siglo, constituye un valor cultural de la talla de alguien
que fue pionero y artífice de nuestra propia historia. Fue el
precursor, el maestro que marcó el camino que hoy la gran
mayoría de los profesionales reconocemos: el respeto por nuestro
patrimonio construido, como referencia tangible de nuestra
identidad cultural”.
El 29 de mayo de 1944 falleció en Córdoba.
Fuentes consultadas:
AGÜERO, Ana Clarisa: El Espacio del Arte. Editorial de
la Facultad de Filosofía y Humanidades de la U.N.C. Córdoba,
2009.
GALLARDO, Rodolfo:
Prólogo para ARQUITECTURA COLONIAL en la
ARGENTINA por Juan Kronfuss. Editorial Era, Córdoba, 1982.
KIERNAN, Sergio:
El espíritu de Europa central.- m2.
Página 12. Buenos Aires, 8 de julio de 2006 .
PANZETTA, Mariana:
La creación del Museo Caraffa en el
proyecto modernizador de Córdoba. Revista Teórica. Córdoba.
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López, Martín S.J. (1686-1726) |
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Nació junto a los Pirineos, en la pequeña población de Hecho,
provincia española de Huesca, el 10 de noviembre de 1686 . Pasó
su infancia en las estancias de Aragón y a la hora de comenzar
sus estudios se trasladó a una población ya desaparecida de
Zaragoza. Aprendió filosofía y se acercó al padre Miguel
Jerónimo Monreal, quien lo condujo a la vida religiosa. A pesar
de que el
Padre
Provincial no quería admitir jóvenes en el Noviciado en esa
época, se trasladó a Roma y allí consiguió ser admitido por el
Padre
General.
A los 23 años de edad, ingresó a la Compañía de Jesús y el 11
de febrero de 1710, comenzó su viaje a América del Sur, junto a
otros 45 futuros misioneros. Ocho meses después piratas
holandeses interrumpieron su viaje; lo apresaron al igual que a
otros 33 misioneros destinados a Chile, siendo arrojados en
Lisboa sin sus pertenencias.
A
pesar de los 14.000 pesos que se lograron recolectar en la
capital portuguesa como para que la misión no fracasara, se
vieron forzados a regresar a Sevilla. En esta ciudad se
desempeñó como profesor de filosofía.
Por fin partieron de Cádiz, llegando a Buenos Aires el 8 de
abril de 1712. En esta Provincia Jesuítica del Paraguay, Martín
López comenzaba su vida como jesuíta.
Estudió en el Noviciado de Córdoba. Pasó a Santiago del Estero,
donde realizó sus últimos votos en 1726. Fue allí donde, entre
sus habituales actividades pastorales,
se encargó de la construcción de la Casa de Ejercicios.
Su destino definitivo será la
Estancia de San Ignacio
de los Ejercicios, de Calamuchita, establecimiento agrícolo-ganadero,
que formó desde sus comienzos. En el transcurso de 1728 el padre
Provincial lo designó “Procurador General” de la
Estancia.
Pasó a residir en forma permanente en la
Estancia,
siendo liberado de toda actividad que no sea la específica de la
administración de la misma, acompañado por el hermano portugués
Domingo Duarte.
Realizó una eficaz y prolija tarea, formando y llevando adelante
una importante empresa, la más extensa
Estancia
Jesuítica,
recibiendo en varias oportunidades múltiples elogios por parte
del padre General de la Compañía.
Cuenta
su biógrafo
el Padre
Orozs que todos los domingos o días festivos se juntaba una
verdadera muchedumbre, en especial de negros esclavos, para
escuchar las arengas del padre López; quien “amaba ponerse
debajo de todos, huyendo de las prefecturas más esplendidas que
ofrecía Roma, las acciones notables hechas por él, apocarlas. La
fuerza en el decir y otras cosas de donde se siguiera celebridad
o fama, incubarlas. Ingenioso en atribuir a Dios y a los otros
el éxito de los trabajos.”
Intenso fue su trabajo en los diez primeros años de esta
estancia y el día que cumplía los cincuenta años de edad, el 10
de noviembre de 1736, dejó de existir en su lugar de trabajo. En
la Compañía se lo recuerda como el
"Padre
Estanciero"
por antonomasia.
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Mena, Alfiero |
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Alfiero Mena nace en Treviso (Italia) el 17 de octubre de 1933 y
recibe de su padre y maestro la pasión por las esculturas en
hierro. Estudia en Venecia, accede a la Medalla de Plata de la
Academia de Bellas Artes de Venecia por su obra "Autunno" con
tan solo 17 años y finalmente se radica en Roma como Docente de
la Cátedra en el Instituto Estatal de Arte Sacro de la Capital
de Italia.
Se especializa en el uso del hierro, bronce, terracota y
resinas. Con ellas vuelca su expresionismo hacia el arte
religioso o motivos que sintetizan el drama de la condición
humana.
En 1998 el Dr. Nelson Filippi visita el taller de Mena en Roma
juntamente con un amigo de ambos: Giorgio Todrani. De ese
encuentro, nace el deseo espontáneo del artista que una de sus
obras, en testimonio de solidaridad, se emplace en la Provincia
de Córdoba.
Durante el Jubileo del 2000, el "Lux Mundi" es premiado en un
concurso realizado por una Comisión del Vaticano como "La
Escultura del Siglo" y entronizado en la Basílica de Santa María
del Pueblo en Roma.
El boceto de "Lux Mundi" bendecido por Juan Pablo II el 20 de
abril de 2000 es entronizado honrando la
Iglesia Parroquial
de Bell Ville.
La obra de 3,8 metros de alto es fuertemente expresionista, una
cruz insinuada donde un Cristo crucificado asemeja flotar en el
aire con los brazos extendidos reflejando ofrecimiento y
acogimiento. Hierro y bronce en una conjunción de fuerza, amor y
piedad.

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Moyano Oscariz, José |
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Don
José Moyano Oscariz, “ hidalgo notorio”, nació en Córdoba
alrededor de 1689 y tomó como segundo apellido el de su
abuela paterna.
Su padre fue el maestre de campo don Gil Moyano Cornejo,
quien a su vez, era hijo del capitán Melchor Moyano
Cornejo y de doña María de Oscariz Beamont y Navarra.
Su madre fue doña Antonia de las Casas y Ceballos, quien a
su vez, era hija del capitán Francisco de las Casas y de
doña María Jaime de Ceballos.
Don José, tuvo el grado de maestre de campo en la carrera
de las armas y fue alcalde de segundo voto en 1712, en el
cabildo de Córdoba. De primer voto en los años 1736, 1752
y 1762.
El 25 de junio de 1720 adquiere a doña Isabel Moyano
Cornejo las tierras que por primera vez se mencionan como
“Candonga”.
El 14 de agosto de 1730, se casó con doña Josefa Sarmiento
de Ceballos, que testó el 22 de junio de 1786. Era hija
del sargento mayor Francisco Sarmiento de Figueroa y de
doña Pabla de Ceballos. Moyano Oscariz era algo mayor
cuando se casó, tenía un capital de más de siete mil
pesos. De este matrimonio no hubo sucesión.
Fue procurador general de la ciudad en 1737 y desde el 2
de julio de 1738 ocupó el cargo de regidor propietario,
por renuncia que en su favor hiciera don Ignacio de las
Casas y Ceballos. El 6 de septiembre de ese año, el
gobernador don José de Santiso y Moscoso lo confirmó en el
cargo, ejerciéndolo prácticamente hasta suerte acaecida el
4 de junio de 1778.
Se puede señalar que, probablemente, fue el último
encomendero que hubo en Córdoba con los indios de
Ministalalo, de los que recibió investidura en segunda
vida el 9 de abril de 1739, por fallecimiento de su padre.
El 21 de mayo de 1770, otorgó testamento in scriptis;
constando en él, su propiedad sobre la capilla y estancia
“El Rosario de Santa Gertrudis” y la disposición de
fundación de una capellanía. El 28 de noviembre de 1774
dio poder para testar y sus albaceas labraron su
testamento el 22 de junio de 1778.
Al día siguiente de su muerte, fue enterrado sin pompa,
con el hábito de San Francisco, en la Capilla del Señor
Crucificado de la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced.
Tomado de CANDONGA, revelaciones históricas
De Alejandro Moyano Aliaga. Córdoba, 1976
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Pons, Rosendo |
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Este Maestro Albañil, de origen español, tenía su residencia en la ciudad de
Córdoba, en calle Velez Sarsfield 143. En 1890, comenzó la
construcción de la iglesia de la Villa del Tránsito en el
Dep. San Justo, proyectada por el Ing. Baravino.
En el año 1908, construyó el edificio Departamental de la
Villa de Tulumba, por licitación pública, de acuerdo al
proyecto y planos aprobados por el Gobierno de Córdoba.
Integró el equipo de construcción de la
Iglesia de
Capilla de los Remedios.
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Sesmero González, Alejandro |
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Nació en España. Egresó como arquitecto de la Escuela
Especial de Arquitectura de ese país, institución creada
por la Reina Isabel II en 1884 y que actualmente es la
Facultad de Arquitectura de la Universidad Politécnica de
Madrid.
Se supone que llegó a la Argentina, antes de 1889, año en
que fue nombrado profesor titular de la Cátedra de
Arquitectura y Dibujo, en lo que hoy es la Facultad
de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la U.N.C.
El 16 de marzo de 1891 rinde examen general de ingeniería
civil y a partir de allí, puede firmar sus trabajos como
arquitecto o ingeniero según los casos. Fue profesor
titular de las cátedras de Proyectos, planos y
presupuestos; Arquitectura I y Arquitectura II, hasta su
muerte
en 1914.
Se estima que en los últimos años del siglo XIX gozaba de
gran prestigio en el ambiente académico de la Universidad,
ya que en momentos que era Rector el Dr. Telasco
Castellanos, se le encargó la ampliación del edificio del
rectorado construido por los jesuitas.
En
la
Iglesia de Capilla de los Remedios
le corresponde la
autoría de la cúpula y la fachada, también de líneas
italianizantes.
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Vespignani, Ernesto |
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Don Bosco quería que sus hijos fuesen no solo ejemplares
religiosos sino que estuviesen también, debidamente
preparados en el saber profano. Un caso realmente destacable es
el del Padre
Salesiano
Ernesto Vespignani, nacido en Lugo, Italia.
Trabajó varios años en nuestro país,
falleciendo en Buenos Aires un
4 de
febrero de 1925.
En su carácter de discípulo de Camilo Boito cultivó los estilos
neomedieval y románico lombardo con elementos florales.
Se
distinguió en
arquitectura religiosa con tal competencia que mereció las
siguientes distinciones:
Buenos Aires, 1910: Primer Premio, Medalla de Oro en la
Exposición Industrial del Centenario.
Montevideo, 1920: Primer Premio, Medalla de Oro, en el Primer
Congreso Panamericano de Arquitectos.
Santiago de Chile, 1923 y 1924: Primer Premio, Medalla de Oro,
por sus trabajos de arte religioso, en el Segundo Congreso
Panamericano de Arquitectos.
Lima: Medalla especial otorgada por el Gobierno del Perú
por el hermoso frente del templo de María Auxiliadora.
Fue miembro correspondiente de la Real Academia de San Lucas;
autor de los proyectos de los templos de San Carlos
y Santísimo Sacramento de la Capital Federal, la
Catedral de Viedma,
el Santuario de Nuestra Señora de Itatí (Corrientes), la iglesia
del Rodeo (Mendoza),
Iglesia Nuestra Señora de la Merced en Tucumán,
, Colegio San José en Rosario, Basílica de Vignaud ,
María Auxiliadora en la ciudad de Córdoba y otros.
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María Auxiliadora de Córdoba |

Catedral de Viedma |
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