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ORATORIO DE LA POSTA
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"Si salgo bien te volveré a ver. ¡Si no, adiós para
siempre!"
(Palabras de Facundo Quiroga al partir de Buenos Aires el
18 de diciembre de 1835)
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En tiempos de la fundación de Córdoba, Miguel de Ardiles,
el 2 de enero de 1579, recibió en merced las tierras
llamadas de Sinsacat, para.el establecimiento de una
encomienda. El cacique de la región era Chinchana o
Chincharagua. Las heredará su hijo Miguel de Ardiles “el
mozo”.
Este
vendió la Estancia de Santa Catalina, de la cual fue su primer
dueño, pero reservó las tierras de Sinsacate donde fundó una
estancia entorno de la cual, surgirá una pequeña población.
Otra referencia está dada por el rector de la Compañía de Jesús
de Córdoba, el Padre Torreblanca, en 1637, como parte de la
narración de un viaje, dice: “… pasé por el pueblo de Miguel
Ardiles…”.
Bernando de
Reyna
Vera, vecino fundador de Córdoba, sevillano, que fue capitán
general y teniente gobernador de Córdoba le adquirió a la viuda
de Ardiles la estancia de Sinsacate, la cual es heredada por una
de las hijas Juana de Reyna y Salguero, casada con Alonso de
Herrera y Velazco, quien le pone de nombre: “San Pablo de
Sinsacate”.
Una idea de las pertenencias de la misma, puede tomarse del
documento “La tasación de la Hazienda de Chjinzacate” de 1717.
A
través de los tiempos la estancia pasó por varios problemas
económicos;
a tal punto,
que debió ser entregada en censo a favor del monasterio de Santa
Catalina y del convento de San Francisco.
Afirman el prof. Luis Q. Calvimonte y el Lic. Alejandro Moyano
Aliaga “… de allí surgió un largo pleito judicial, donde
pretendió ser parte la Compañía de Jesús, sin conseguirlo,
quedando debidamente comprobado que la estancia de Sinsacate
jamás perteneció a los jesuítas
como equivocadamente se viene sosteniendo; inclusive la placa
colocada por
la Comisión Nacional de Monumentos, Museos y Lugares Históricos
sigue apoyando ese error …”.
No obstante, existen estudiosos del tema que manifiestan que la
estancia de Sinsacate, en algún momento de la historia fue
patrimonio de los jesuítas,
aunque no se dispone documentación fehaciente al respecto.
Posiblemente, deberá ahondarse la investigación a fin de
clarificar las sucesivas hipotecas, herencias, fraccionamientos
y ventas.
En el inventario de la estancia “San Pablo de Sinsacate”,
practicado en 1720, se describen las edificaciones y se hace un
más que
detallado relato del oratorio: “…
está construido de media
agua y techo de teja. En su interior existe un altar portátil
usado, una imagen de bulto de San Pablo, otra imagen más pequeña
de Nuestra Señora, un cáliz y vinajeras de plata, dos campanas
de bronce, una más grande que la otra; ornamentos completos para
celebrar la santa misa, tales como misal con su atril, juego de
casullas, albas y manteles”.


Fue en 1762 cuando don Juan Jacinto de Figueroa adquirió la
propiedad por la suma de ocho mil pesos y permanecerá en la
familia por varias generaciones.
Construyó una casa, un molino, una bodega, una barraca, acequia
y tajamar. Instaló un comercio bien equipado y atendió una
buena plantación de frutales. Tenía muchos caballos, mulas,
bueyes y carretas. Era una de las postas con mejores servicios
en la región de Córdoba..
Dice el arquitecto Rodolfo Gallardo en sus escritos sobre la
Arquitectura de Córdoba que “ …es interesante apuntar que
dentro del equipamiento de las postas y de lo que llamamos
programa arquitectónico, figura la capilla, ya que las
necesidades de los usuarios iban más allá de las corporales ,
que son las que hoy más se tienen en cuenta”
...
“y
si los baños se reducían a precarios lugares comunes, no
faltaban en el rango que era menester estos pequeños recintos
sagrados, donde llegaban los viajeros llenos de promesas hechas
en los inhóspitos caminos, preñados de peligros, de asaltos., de
muerte y de la acción de las desatadas fuerzas de la
naturaleza…”.


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Paralela al “camino real”
una larga fila de pilares cuadrados remata en
el Oratorio
dedicado
a Nuestra Señora del Rosario.
Una serie de habitaciones corridas a lo largo de una
fresca y
generosa galería culminan en este
pequeño
oratorio
con su fachada
orientada al este
y una imagen de
planta rectangular de 13.50 m de largo por 3.60 m
de ancho, con un arco cobijo que protege un nártex
con una profundidad de
3.60
m por el mismo ancho de la nave. |
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Se ingresa por una puerta de dos hojas de abrir, de madera
con dintel recto de algarrobo.


Sus gruesas paredes son de piedra asentadas en adobe y
cinco cabreadas de par y nudillo con alfajías y bovedillas
dan sustento a su techo a dos aguas, cubierto con tejas
coloniales. Están perpendiculares a los del resto de las
habitaciones. Su piso es de ladrillos y en sus paredes
encaladas hay una ventana coral y otra en la cara norte.
Una puerta lateral de baja estatura, comunica el oratorio
con el resto del conjunto.


La fachada muy sencilla, con una moldura horizontal en el inicio
del arco tiene a su derecha la espadaña “de tres orificios
arranca desde el piso con su plano de piedras, revocada solo del
lado del naciente. Quedan claramente delimitados tres sectores:
el más bajo, totalmente ciego, acaba en una simple línea de
cornisa. El segundo, entre esta cornisa y otra igual, tiene dos
arcos de medio punto y a pesar de tener travesaños de madera no
tiene ahora campanas. El último tramo, más angosto, con un arco
con tirante y campana, tiene su recorte final en una cornisa un
poco más graciosa, de línea quebrada, que sigue el arco en su
desarrollo. Pequeñas esferas en la parte superior y lados
completan la decoración”.

“Una escalera al final de la galería, sobre el límite con
el oratorio, permite el acceso al plano de ronda, de donde emergen
los techos inclinados cubiertos de tejas”.
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Pedro y Manuel Figueroa continuaron la obra de Juan Jacinto, su
padre, pero en la década del 30 del siglo XIX, poco después de
la tragedia de Barranca Yaco, fallecen ambos y se pierde la
continuidad en el mantenimiento de la heredad. Sus descendientes
venden lo que fuera la posta y después de pasar por varios
propietarios, termina siendo usurpada por moradores de la
región.


El monumento fue restaurado por el Arquitecto Mario J.
Buschiazzo en 1946. La capilla conserva su planta primitiva y
actualmente es sede, junto al resto de la edificación, del
Museo Rural Posta de Sinsacate, con elementos rurales de su
época.



A
lo largo de la historia:
Generales con sus tropas como Manuel Belgrano, viajeros como el
asturiano Alonso Carrió de la Vandera, Visitador de Correos, con
su secretario Carlos Calixto Bustamante Inca “Concolorcorvo” ,
extranjeros recorriendo estas tierras de paso hacia el Alto Perú
o bajando hacia Buenos Aires, por el llamado “ Camino Real”,
comerciantes con mercancías o simplemente en viajes de negocios,
miembros de la iglesia en tareas pastorales; a lo largo de
muchos años, habrán rezado ante la imagen de la Virgen del
Rosario, que hoy se exhibe en el Museo Provincial Marqués de
Sobre Monte.
El coronel San Martín en su paso por la posta, cuando iba a
hacerse cargo del Ejército del Alto Perú, en los primeros días
de enero de 1814, recibió un aporte de caballada por parte de
José Javier Diaz, dueño de la vecina estancia de Santa Catalina.
En ese momento era maestro de postas don Manuel de Figueroa.
Allí descansaron los hombres del General Juan Lavalle, en 1840,
en derrota después de Quebracho Herrado, por gestión de Orencio
Correas, su cuñado, que residía en la Estancia de Jesús María.
En la reorganización de sus fuerzas lo acompañaban los coroneles
Videla, Acha, Deheza y Pedernera.
Cual testiga muda, la Posta cobijo entre sus muros la tragedia
de Facundo Quiroga y su gente, un ya lejano 16 de febrero de
1835.
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“Téngase usted sin cuidado
por mi vida Usandivaras,
que no nació todavía
quien va a despacharme el alma”.
La mano de Santos Pérez
burló coraje y confianza,
el hombre había nacido y Facundo lo ignoraba.
Alejandro Noréz
Martínez,
evoca con estos versos el sangriento suceso de la muerte
de Juan Facundo Quiroga (1788-1835) en Barranca Yaco (Agua
de la Barranca) cercana a la
Posta.
Un monumento, de reciente construcción, se erige en el
sitio de los sucesos.

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Los
restos
del Caudillo, junto a los de su secretario, doctor José
Santos Ortiz, fueron velados en la Capilla de Sinsacate,
antes de ser trasladados a Córdoba.
En ese momento el propietario de la
Posta, don Pedro Luis
Figueroa, era Juez
Pedáneo,
por lo que fue el funcionario judicial que actuó en
primera instancia ante el trágico acontecimiento.
Santos Pérez
y su partida habían logrado su cometido, asesinando al
Tigre de los Llanos y casi toda su comitiva. ¿Los hermanos
Reynafé, Estanislao López,
Juan Manuel de Rosas
...
autores intelectuales?
Esto
es materia
pendiente de la Historia Argentina. Una respuesta que,
probablemente, nunca llegue.
Datos Complementarios:
Monumento
Histórico Nacional:
Por decreto Nº 90.732 del 14 de mayo de 1941, decláranse
Monumento Histórico Nacional diversos inmuebles, algunos del
dominio provincial y otros pertenecientes a la Iglesia y a
particulares en la Provincia de Córdoba. Entre ellos,
"la Posta
de Sinsacate:
edificio característico de las antiguas postas destinadas al
relevo de los caballos y reposo de los viajeros que data del año
1709 , tiene Capilla con restos de púlpito y de las pinturas que
lo ornaban";
tal
lo expresado por la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos
y Lugares Históricos.


Fuentes de consulta:
-
BUSCCHIAZZO, Mario J. - Estancias Jesuíticas de Córdoba, Ed.
Bond Hermanos, Buenos Aires, 1969.
-
BUSTAMENTE CARLOS INCA, Calixto “CONCOLORCORVO” – CARRIÓ DE LA
VANDERA, Alonso – El Lazarillo de ciegos caminantes. Emece
Editores, Buenos Aires, 1997.
-
CALVIMONTE, Luis Q. y MOYANO ALIAGA, Alejandro - El antiguo
Camino Real al Perú en el Norte de Córdoba – Ediciones El
Copista, Córdoba,1996.
-
FOGLIA, María Elena y GOYTÍA Noemí – Los poblados históricos
de norte cordobés - Boletín Oficial. Córdoba, 1993.
-
FURLONG CARDIFF, Guillermo, S.J. - Arquitectos Argentinos
durante la dominación hispánica. Editorial Huarpes, S.A. -
Buenos Aires, 1945.
-
GALLARDO Rodolfo (Ver
Biografía), compilación de sus escritos – La
Arquitectura en Córdoba y su Historia. Editorial Nuevo Siglo.
Córdoba, 1995.
-
GONZALEZ WARCALDE, Luis – Por la ruta de la historia -
Edición del autor. Jesús María , 1971.
-
GRACIA, Joaquín, S. J. Los Jesuitas en Córdoba. Espasa Calpe
Argentina S. A. – Buenos Aires, 1940.
-
SINSACATE, Historias Populares Cordobesas – Comunideas,
Gobierno de Córdoba – Córdoba, 2005.
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