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NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO
Habíamos llegado temprano por la mañana a esta tierra nutrida de
la historia de pampas y ranqueles. Detuvimos nuestro auto
en vecindades de la Iglesia y realizamos el usual relevamiento.
Terminado el mismo y tras regresar a la ruta 9 nos cruzamos con un control de tránsito.
El olvido de reenceder las luces bajas significó una multa que
dificilmente haga olvidar nuestro paso por Leones.
Previo al ingreso a Leones y mientras completábamos el tanque de
combustible tratamos de indagar el por qué del nombre de la
Ciudad.
Leyendas, anécdotas, tradiciones: recurrentes historias que se
descubren a lo largo de los distintos pueblos que hemos ido
recorriendo en estos años. Como en los otros casos, aquí también
los historiadores ratifican incertidumbres.
Pobladores del lugar, asumiendo contar con buen conocimiento en
la materia, nos remiten a que consultemos a Luis R. Altamira. Lo
hacemos y descubrimos una versión que si bien el investigador la
relata también la juzga de absurda ya que los pumas no se
caracterizaban por ser usuales en el lugar:
“El nombre de Leones
fue dado
a la población
por
las cuadrillas
ocupadas en
extender
las líneas
del
ferrocarril
Central Argentino
quienes
fueron,
con frecuencia,
atacadas
durante
la noche por leones americanos
...”.
La transmisión oral nos lleva a hacer pie en un relato extraído
del diario La Prensa de mediados de 1972. Es allí donde
Emma Isabel Hernández
de Ayala
asegura haber recibido de sus ascendientes la confirmación de la
existencia a mediados del siglo XIX de una posta conocida como
"Los Leones". Según sus relatos, el propietario de dicha posta
llevaba por nombre León y vivía con sus hijos en un agreste y
riesgoso territorio donde la presencia amenazante del indio era
permanente. Es así que el viejo Don León había protegido su
vivienda detrás de una laguna y un cañadón que había construído
los que le brindaban una mejor defensa frente a los malones. La
Sra. Ayala manifiesta que hacia 1835
“una tropa de carretas que iba a Rosario proveniente de Tucumán
fue advertida antes de llegar al Saladillo de un inminente
ataque de los salvajes ocultos en las proximidades de Fraile
Muerto. Desvió
su recorrido alejándose
del camino real, y se internó
en el llano, al sud, donde descubrió
una tapera habitada por un viejo criollo”.
De más está decir que el viejo criollo era Don León quien dio
cobijo al contingente. Iniciado el combate, será otra vez el
puestero quien toma una decisión trascendental. Con el apoyo de
sus hijos cruza la laguna a nado, procede a incendiar los
pastizales y las llamas provocan la huida de los indígenas. El
resultado inexorable de este relato es que el puesto se
identificará como "Tapera de Los Leones".
La historiadora
Marta Núñez,
en su libro:
"Leones, en el Pasado y Presente",
asegura que, entre los
años 1835
y
1840,
existía
la "Posta
de
Los
Leones"
la que resultaba
ideal para el
descanso y
el
refugio
para quienes desafiaban, con coraje y osadía, el inseguro
Camino Real.
Según sus apreciaciones, es allí donde se evidenciaría la
existencia del rancho de Don León al que identifica con el
nombre de Juán de la Cruz.
Más convicción encontramos en la batalla donde el Coronel Emilio
Mitre da cuenta en 1857 de su victoria sobre el Cacique Coliqueo
en la zona de Melincué a la que identifica como Cañada de los
Leones. Tal vez, utiliza este nombre de resultas de la tradición
anterior.
La Posta de Los Leones se afianza como puesto obligado tras
recorrer los largos y polvorientos caminos que unían las
escasas y alejadas poblaciones de la época. En
1864, en
el Archivo de la Dirección de Catastro de la Provincia de
Córdoba,
catalogado como
Mensuras Judiciales, Departamento Marcos Juáerz, Nº 11, año
1864, foja 1,
encontramos un documento donde se menciona a la "Posta de Los
Leones" como límite de una mensura.
Otras historias se iban desarrollando en paralelo. Una de ellas
aportarían un punto de inflexión definitivo a la zona; es así
que, sobre la traza Rosario - Córdoba, se planteó el
proyecto de construcción del ferrocarril. Basándose en los
estudios realizados por Timoteo Gordillo hacia 1835 será el Ing. Allan Campbell quien, en 1855, propone a Urquiza la concreción
de la obra.
El viaje inaugural, consistente en unos pocos vagones de
pasajeros, un coche comedor y algunos de carga, se concreta en
1866 y comunica las nóveles poblaciones de Tortugas y Fraile
Muerto. A lo largo del viaje se detiene, tal lo pautado, en el
Kilómetro 159 a tan solo unos 200 metros de la Posta de los
Leones. El nombre es absorbido por la estación a construir, obra
que avanza firme hacia el 1867.
Los propietarios de las tierras del Ferrocarril Central proponen
al Gobierno Provincial el establecimiento formal de un pueblo.
Si bien ya existían algunos pocos asentamientos poblacionales;
esta decisión y la donación de las tierras potenció el
afianzamiento de, ahora sí, la comunidad de Leones.
Será entonces que
Miguel Juárez Celman
en su carácter de Gobernador Provincial,
hacia fines de setiembre de 1881, resuelve aprobar el
proyecto sobre la base de la planimetría presentada.
Diez años habían pasado y el pueblo se iba configurando. A los
terrenos asignados ya se les había definido espacios para
plazas, edificios públicos y viviendas particulares. Será un
grupo de vecinos que, en 1891, crean una comisión para impulsar
la construcción frente a la actual Plaza 25 de Mayo de una
iglesia en honor a Nuestra Señora del Rosario. Los apellidos de
Hernández, Echenique, Benvenuto sobresalen como referentes de
esa historia donde el proyecto deviene en realidad hacia 1894.



Su arquitectura está en absoluta comunión con la época en que se
decide hacerla nacer. Es inconfundible y manifiesta la
influencia clasicista de su diseño donde no faltan detalles e
indicios de un renacentismo propio de la influencia de la sangre
itálica de sus constructores.
Vista a la distancia, gracias a la amplitud de perspectiva que
brinda la larga avenida que asemejaría sumergirse desvanecida en
su interior tras sortear unos pocos escalones de rojo granito,
presenta un frente de 20 metros de ancho donde sus tonos crema y
terracota se contrastan, en un juego de luminosidad y sombras,
exaltando la profundidad y el relieve de cada una de las
molduras, de las ventanas de medio punto, de las hornacinas y de
los óculos. A cada flanco se elevan, guardianas, las torres que
albergan los campanas. Al centro, una cruz de hierro,
delicadamente trabajada, corona y completa la estética general
del frontis triangular.
Recorriendo los techos y a la altura del presbiterio
resalta una cúpula de 8 metros de diámetro que, ubicada sobre una
estructura cuadrada que funciona como base, se eleva con
configuración cónica. Sobre las paredes de ésta se distribuyen
ocho linternas que colaboran aportando la necesaria iluminación
hacia el interior.

Sobre las paredes laterales que definen una estructura de
alrededor de 40 metros se alternan una sucesión de ventanas de
medio punto que aportan luz y color por el uso de vitroux de
confección simple.
Es de mencionar que con el correr de los años y en la búsqueda de
modernizarla, de aportarle una estética de mayor impacto visual
y de jerarquizarle el ingreso con más amplitud se procede a
ejecutarle significativos cambios arquitectónicos.
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Es así que el atrio que, en sus orígenes, presentaba cuatro
columnas de estilo dórico distribuídas de un modo simétrico es
reconvertido desplazando aquellas dos centrales hacia la
vecindad de las sendas laterales. Por otra parte, se construyen
nuevos cuerpos sobre los campanarios para alojar, en uno de
ellos, relojes. De resultas de esta incorporación y al tomar más
altura las torres, se pierde la visual de los reducidos
cupulines. |
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En conjunción a estas tareas se adopta el escudo papal ubicándolo
sobre la balaustrada que corona el atrio y que, a modo de
balcón, resalta por debajo del inconfundible frontis triangular. |
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Una vez en su interior se individualizan tres naves: una
importante central abovedada que culmina en el presbiterio y dos
laterales menores donde sus límites con la mayor son definidos
mediante cinco arcadas de medio punto que actúan como fuertes
andamiajes sostenedores de las paredes superiores.









Datos Complementarios:
Completada la Novena, cada
7 de octubre,
se celebra
la Fiesta Patronal.
La imagen de
Nuestra Señora del Rosario
es llevada en procesión por las calles de Leones, para luego ser
honrada con la celebración de una misa.



Fuentes de consulta:
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