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NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE TEGUA
Le dice Ivan Gustavo Baggiani:
“…Y
allí en medio del paisaje serrano, permaneces inmutable al paso
de los años, esperando tal vez que alguien se preocupe en
cicatrizar las heridas que la soledad y el viento te
ocasionaron.
Pero
déjame decirte, Capilla de Tegua, venerada reliquia que
sobrevives ignorada por el hombre moderno, que en el alma de
quienes por fortuna te hemos conocido y con toda justicia
admirado permanecerás indeleble, y nuestro hálito postrer te
llevará al corazón de nuevas generaciones.”


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El
miércoles, 28 de noviembre de 2007, el diario
LA
VOZ DEL INTERIOR,
dentro de la sección Regionales, publicaba esta nota. Tiempo atrás,
un 27 de noviembre de
2006,
bajo
el título
“Por
la
capilla
de Tegua”,
habíamos leído otro, haciendo un llamado a salvaguardar
este valioso patrimonio, como así también la
conformación de
comisiones que trabajasen al respecto.
Después de tomar contacto con la Comisión Diocesana de
Bienes Patrimoniales del Obispado de Río Cuarto y
con
la Municipalidad de Elena, partimos en busca de esta
Capilla. |
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La encontramos
a la
vera del camino que llamaban el “Carril de los Chilenos”, uno
de los más transitados que vinculaban Buenos Aires con Cuyo y
Chile.
Allá, como sede del más sureño de los curatos cordobeses
surgió,
bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario,
a fines de la primera mitad del siglo XVIII.
Verdadera
punta de lanza en la evangelización de esos territorios
fronterizos.
Entre la nota del diario y las fotografías que ilustran esta
página, median casi cuatro años. Las fotografías por sí solas
revelan la inacción, a pesar de la preocupación puesta de
manifiesto por el Señor Intendente de la Municipalidad de Elena.

El origen de esta capilla se remonta a la devoción mariana
que el Sargento Mayor Ignacio Fernández Montiel, le transmitió
a su hijo Miguel, en el testamento que éste protocolizó en el
año
1696, en Córdoba. Puede leerse en él:
“…
También me comunicó que era su voluntad, y yo en su nombre lo
declaro, que como yo fuese a vivir a dicha ciudad
[de Santa Fe]
pusiese a la Santísima Virgen del Rosario que tenía en su
estancia
[del Río Salado]
en una capilla decente y de no dispusiese de ella, en cuya
conformidad y su última voluntad, usando de la facultad que me
concedió, mando se le haga entrega su capilla y conocer su
disposición al padre doctrinante del dicho Partido, que al
presente es y en adelante fuese, entregándosele todo adorno de
dicha capilla, ya que esa fue y es mi voluntad, mando así se
ejecute…”
El alférez Miguel Fernández Montiel (1643-1696), en el paraje
denominado “El Tala”, situado dentro de la merced de Tegua, fundó una estancia
orientada a la cría de ganado vacuno y mular, como actividad
principal. El 12 de julio de 1689, por la suma de $1000, había
comprado esas tierras al general Don Jerónimo Luis de Cabrera,
bisnieto del fundador de Córdoba, quien se vio obligado a
fraccionar y vender su merced por la dificultad de hacer frente
a los gastos de explotación. Tenían como centro al
“paraje que llamaban
el
Tala y desde él, dos cuartos de legua, y a la parte del Oriente
tres cuartos de legua, y a la parte del Poniente dos cuartos de
legua…”
Junto a la vivienda para su familia, construyó una capilla,
cumpliendo con la voluntad de su padre, colocándola bajo la
advocación de Nuestra Señora del Rosario y en el inventario
efectuado el 4 de octubre de 1696, con motivo de la muerte del
alférez, se manifiesta que
“está recién edificada”
y agrega que era
“…
de adobe, de ocho varas de largo y cuatro varas y media de ancho
y tres de alto, enlucida de yeso, cumbreras y caras de sauce,
con cañizo, cubierta de paja, puerta de algarrobo vieja con
aldabón de hierro y tiene dentro de dicha capilla para su adorno
y poderse celebrar el santo sacrificio de la misa, una Imagen de
Nuestra Señora del Rosario de Tegua de bulto de tres cuartas de
alto, con un niño Jesús y un rosario de cuentas engastado en
plata con una corona de filigrana de plata buena; un manto de
dicha santa Imagen con escapulario de lama de Nápoles azul,
guarnecido en encaje de plata, forrado en tafetán carmesí; unos
zarcillos de dicha Imagen de oro, con dieciséis perlas medianas
y sus almendras de cristal; una toca de dicha Imagen de vara,
guarnecida con puntas de Flandes de dos dedos de ancho; dos
hechuras de bulto, la una de San José y la otra de Nuestra
Señora de la Limpia Concepción, de tercia de alto, nuevos y bien
tratados; un tabernáculo de tablas de cedro de tres cuartos de
alto y una vara de ancho (…) y en la puerta bisagras y aldaba; y
dicho tabernáculo tiene un velo de tafetán colombiano; y una
hechura de San Miguel de bulto, nuevo, que tiene dos tercias de
alto; dos pedazos de holandilla que tendrán ambos cuatro varas
que sirven de dosel con cenefa de cinta verde; doce serafines
pequeños que están puestos en el dosel; cuatro cuadritos
pequeños de media vara de alto y una cuarta de ancho, uno de
Nuestra Señora de la Candelaria otro de Santa Rosa, otro de San
Onofre, otro de un
ángel; cuatro estampas grandes en
bastidores (…) cuya capilla con todo el ornamento y alhajas
referidas, tasamos en ochocientos pesos, y dicha estancia debajo
de los linderos arriba expresados y mejoras en ella convenidas,
se tasa en mil doscientos pesos corrientes, la campana que tiene
dicha capilla no se tasa aunque se puso en el Inventario
pertenecientes a Fernando de Zuluaga de la ciudad de Santiago de
Chile, a quien se le han de devolver…”
Entre 1689 y 1696, se entiende que ha sido erigida esta
capilla en la estancia que, por ese entonces, había cambiado su
nombre a “Rosario” y más tarde a “Capilla del Rosario”. El
capitán Ignacio Arias Montiel, hijo mayor de Miguel Fernández
Montiel, fue quien heredó la estancia y decide construir una
nueva capilla en piedra, en una ampliación de la estancia “El Tala” hacia el
sur, a instancias de su hijo, el sargento mayor José Arias
Montiel (1692-1746) quien falleció repentinamente en Córdoba.
Si bien es cierto la obra tenía un carácter eminentemente
religioso, también cumplía la función de fuerte o refugio contra
la acción de las avanzadas indígenas que sufría todo el sur
cordobés. Además, actuó como eje centralizador de las
comunidades que se radicaban en la zona en la época colonial.

Es la capilla que llegó a nuestros
días y podemos describirla arquitectónicamente como
perteneciente a la tipología de las capillas de techo a dos
aguas. La planta de la nave tiene internamente 12,90 mts. de
largo por 5,30 mts. de ancho, enmarcada por muros de piedra de
0,90 m. de espesor. Cubren el techo cuatro cabreadas de par y
nudillo, con dos tirantes solidarios por tramo en cada cara.
Sobre ellos las alfajías que sostienen las bovedillas; sobre las
cuales, donde ayer estaban las tejas españolas, hoy está el
zinc.


El presbiterio está marcado por un
desnivel de piso de 22cmts, y la barandilla del comulgatorio es
de reja de hierro forjado con pasamano de madera.

Del lado de la epístola se comunica
con la sacristía, con puerta de madera de dos hojas. Del lado
del evangelio un púlpito de madera de líneas muy simples y
planos muy oscuros, aun podría cumplir con su función.
Al coro alto, sobre el ingreso, se
llega desde el exterior en el lateral derecho, después de
sortear los dieciséis escalones de piedra de la escalera con
gruesa baranda de igual material, que también conduce a la
colonial espadaña con sus tres orificios que terminan en arco de
medio punto y que supieron alojar sendas campanas. La espadaña ,
también en piedra, nace desde el piso de la fachada que tiene
orientación este-sur este y culmina con una cruz de hierro
forjado de una “simplicidad acongojante”.

Una puerta de madera de una hoja
permite el acceso al coro que tiene tirantes de madera,
soportado por dos columnas y esta resguardado con una baranda de
listones de madera. “A través de la baranda del coro, se
advertía el viejo órgano, que un día envolvió con sus prístinos
acordes, la sencilla fe de los cristianos de Tegua.”

Hacia el este, con vistas al viejo
cementerio, se abre la ventana coral, de buenas dimensiones, en
madera con dos hojas de abrir.



Se complementa, como la de Dolores
de Punilla o San Roque de la Cumbre, con un volumen previo, de
factura muy posterior a la capilla, que desmerece el conjunto
colonial, armado con cuatro arcadas de medio punto en ladrillo
de 75 cm de espesor que determinan el nártex, siendo sus
dimensiones 7,85 m de ancho por 4,90 m de profundidad;
cerrado lateralmente con muros de ladrillos de 38 cm de
espesor, con techo de losa armada con perfiles metálicos doble
te y bóvedas aplanadas de ladrillos; levemente inclinado hacia
el frente, comenzando bajo la ventana coral.

Esta, que termina en arco de medio
punto, tiene un recercado, de escaso relieve, que
culmina con una cruz en la parte superior. El tímpano de la
fachada, que acompaña la pendiente del techo, con un pequeño
mojinete, tiene en su cúspide una cruz de hierro forjado.

En el muro sur, tres pétreos
contrafuertes cumplen su función estructural.

Dice el historiador Carlos Mayol Lafferére: “Una puerta “de
dos manos” da acceso al templo. Es de madera de algarrobo, con
sus tableros tallados a mano. Goznes, bisagras y cerrojo de
hierro forjado, se remontan, seguramente, a la factura original
de la capilla. El artista ha dejado allí su impronta, su
carismático don. Según la tradición
(difícil de confirmar), las heridas que muestra la madera fueron producidas por las
lanzas de los indios en su afán de mancillar el sagrado
recinto.”

Las imágenes son las descriptas en el inventario mencionado,
de 1696 (de la anterior
capilla), siendo la principal la que le daba el nombre: Nuestra
Señora del Rosario.
Habían pertenecido al hogar paterno del sargento mayor
Ignacio Fernandez Montiel, tenía
“tres cuartas varas de alto con un Niño Jesús y un rosario
de cuentas, empastado en plata, con una corona de plata buena…”
(hoy
retirada por razones de seguridad).
También existían
“dos hechuras de bulto la una de San José y la otra de Nuestra
Señora de la Limpia Concepción
de a tercia de alto”.
“…Un tabernáculo de tablas de cedro de vara y tres cuartas de
alto y una vara de ancho, con su media naranja arriba y sin
dorar y en las puertas bisagras y aldabas”. En él estaba
colocada una imagen de San Miguel, de madera, de dos tercias de
alto.
Todas estas imágenes pasaron a la nueva capilla, con algunos
arreglos. Por ejemplo, en el mencionado tabernáculo se ubicó la
imagen de Nuestra Señora del Rosario, de dos tercias de alto,
que sin dudas sería la que presidía la procesión en los días 7
de octubre de cada año.
El actual altar, dorado y sencillo, colocado frente las
antiguas hornacinas que contenían las imágenes, fue donación
testamentaria de la señora Dolores Buteler de De la Torre,
en 1902. Contiene
en el centro el camarín de la Virgen y a los costados los
nichos que albergaban a San José y al Corazón de Jesús.




El conjunto se completa con un atrio de 8,20 mts. de ancho
por 7,45 mts de profundidad bordeado por un pretil, constituido
por muros de 38 cmts. de espesor y pilastras sin rejas y con
tres puertas de hierro forjado.



Frente a la Capilla, rodeado por una baja pared de piedra,
hay un cementerio de interesantes recursos artísticos, en
especial las cruces de hierro forjado.

Lamentablemente la depredación efectuada por los visitantes
ha desmejorado el lugar, que está inactivo desde 1982.
En 1898, el misionero franciscano Fr. Leonardo Herrera, se
quejaba de la presencia del campo santo :
“…Hay, sin embargo, algo que lamentar y que conceptúo muy grave,
y es que en frente de la puerta de la iglesia, hay un cementerio
a distancia de 12 varas, y está lleno de cadáveres, y lo que
hace peor todavía es que el suelo es muy pedregoso, lo que hace
difícil la buena sepultura, con el agravante de que en los meses
de calor se hace imposible e insoportable la estadía en dicha
capilla por el mal olor que se siente”.



En coincidencia con la línea de la contrafachada, adosadas a
la pared norte de la capilla, una comisión de vecinos construyó
cuatro habitaciones, a mediados del siglo pasado, destinadas a
una escuela que no llegó a funcionar. El primero de esos
ambientes oficia de sacristía.

El 14 de julio de 1746 falleció el sargento mayor José Arias
Montiel, siendo muy curioso el documento que testifica su
muerte:
“…
habiendo tomado un pedazo de biscochuelo con un poco de
vino le dio un parasismo y se cayó de la silla donde estaba
sentado y que apenas alcanzó la absolución que le dio el maestro
don Francisco Fuentes y que en ese instante expiró y que lo
pusieron en la cama a donde estaba dicho cuerpo con vestido de
campaña”.
Ese mismo año se libró inventario, anotando:
“…tasamos
la capilla nueva que se halla en dicha estancia, con tres
tirantes, que le corresponden cuatro huecos, con su puerta de
dos manos, con dos varas y dos tercias de alto y dos varas menos
un cuarto de ancho y bien umbralada toda en doscientos pesos…”
La posesión de la estancia pasó a manos de la única hija de
Arias Montiel, llamada Vicenta Montiel, la cual se casó con el
capitán Francisco de Molina, fallecido en 1761.
Heredó su hijo, don Luis de Molina, y su nieto don Luis
Bernardino de Molina, que en 1795 era el encargado de la
Capilla.
A fines del siglo XVIII se conoció este recinto sagrado con el
nombre de “Capilla de los Molina” o “Capilla del Rosario de
Tegua”, para identificarla de otras capillas existentes en la
provincia con igual advocación mariana.
“El 9 de septiembre de 1862, se reunieron en este lugar el
cura Fr. Luis Soli, el juez D. Gregorio Berrotarán y los
testigos D. Cipriano Cáceres y D. Pastor Garzón, procediendo a
medir nuevamente los terrenos de la capilla, de tal manera que
ella ocupase el centro de la cuadra medida, para lo cual se
tiraron las líneas necesarias y se amojonaron las cuatro
esquinas”·
Se determinó que el predio con la capilla había sido donado
por la familia Meneghello a la Municipalidad de Elena, faltando
todavía el proceso de escrituración.
La constante lucha contra el indio en la frontera sur de la
provincia, más la ubicación en el Carril de los Chilenos, la
transformaron en un hito importante en la región y posiblemente
estuvo asociada a una posta de recambio de caballada, en
especial cuando la formación del ejército de Cuyo.


Datos complementarios:
Latitud : 30º 54’ 26,45”
Sur
Longitud : 64º 32’ 07,60”
Oeste
Fue declarada Monumento Histórico Nacional
(MHN) el 8 de julio de 1976, por decreto 1256/1976 de la
Comisión Nacional de Museos y Monumentos y Lugares Históricos.
En momentos en que estamos diagramando esta página, en el
Boletín Nº 06, julio 2010, de dicho organismo, puede leerse:
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Capilla de Tegua
El Comité Ejecutivo del 17/06/10, acordó prestar
conformidad al informe elaborado oportunamente por la
Dirección Nacional de Arquitectura, únicamente en lo
relativo a la consolidación estructural y otras acciones
propuestas a efectos de evitar la ruina del edificio, y en
caso necesario, el apuntalamiento preventivo. Asimismo, se
acordó solicitar el envío del proyecto y requerir al
Delegado en la provincia un informe acerca del titular del
dominio. |
LA CAPILLA SE ENCUENTRA DESMANTELADA. Los elementos del
culto, imágenes y objetos antiguos, que se han salvado de los
saqueos, se encuentran custodiados en otros lugares y serán
restituidos cuando la capilla sea puesta en valor. Hacemos
fervientes votos para que esta restauración llegue a la mayor
brevedad.

El sentido de las Diagonales:
La distancia entre dos puntos es la recta. Pitágoras jugó con esa
idea y nos permitió no solo probar que era cierto sino que nos dio
la oportunidad de calcular su valor. Fue él quien nos obligó a
aprendernos la palabra hipotenusa y a controlar los dolores de
cabeza propios de meternos en un mundo de ecuaciones, incógnitas,
potencias y raíces cuadradas. Era un complejo aporte extra para
los cerebros de una juventud que en la segunda mitad de los 60 y
principios de los 70 deambulaba su adolescencia por las aulas;
mientras, en el afuera de esos pasillos, el gérmen de una música
distinta y el revoloteo de ideas nuevas sacudían el mundo todo.
Argentina no era la excepción y esos jóvenes tampoco.
Pero, volviendo al inicio: hablábamos de diagonales.
Hay una ciudad que lleva indisoluble a su escencia la palabra
"diagonales". No es que otras no las tengan, todo lo contrario;
sin embargo, decir Ciudad de las Diagonales significa decir La
Plata. Y es allí, en ese damero cuadrado partido en cientos de
triángulos donde uno de los puntos va a necesitar que otro se
materialice para que luego, una línea los termine uniendo.
Esos dos puntos sintetizan caminos parecidos y distintos. Los dos
puntos eran desconocidos entre sí y sin embargo, estaban muy
cercanos. Uno se llevó la imagen del Comedor Universitario, el
otro conserva la gris cara de escombros dejados por una bomba. Uno
recorrió los pasillos de una Facultad donde una carrera era
defendida con pasión por Zaragoza; el otro, a plena marcha por la
14250, aprendía a ser obrero de una metalúrgica. Uno, tuvo que
alejarse y el otro, por el azar de la ruleta de la vida y la
muerte, no.
Los puntos tan vecinos en un momento se separaron por cientos de
kilómetros. Treinta y seis años después esos puntos tuvieron la
voluntad de juntarse. La Capilla de Tegua será la excusa conectora,
el imprescindible atajo geométrico, la razón impensada para que
Pitágoras pudiera, una vez más, trazar de modo firme una diagonal
para unir circunstancias.
Ese trazo reabrió imágenes y recuerdos; esa línea, finalmente,
tomó cuerpo adoptando la forma de un firme apretón de manos.
Al
Sr. Néstor Zunino en su carácter de Intendente de Elena, gracias por el momento compartido.

Fuentes de consulta:
-
BAGGINI, Iván Gustavo –
La
Capilla Nuestra Señora del Rosario de Tegua y la
Evangelización del Sur de Córdoba ( Siglos XVII y XVIII)
– Primeras Jornadas de Historia de los Pueblos de Paravachasca,
Calamuchita y Xanaes , Alta Gracia , 1999.
-
FURLONG CARDIFF, Guillermo, S.J. :
Arquitectos Argentinos durante la dominación hispánica, editorial Huarpes, S.A. - Buenos Aires,
1945.
-
GALLARDO, Rodolfo; MOYANO ALIAGA, Alejandro; MALIK de TCHARA,
David – Estudios de arte Argentino –
Las Capillas de Córdoba,
Academia Nacional de Bellas Artes, 1988.
-
KRONFUSS, Juan :
Arquitectura Colonial en la Argentina, Editorial A. Biffignandi - Córdoba.
-
LAZCANO GONZALEZ, Antonio :
Monumentos Históricos de Córdoba Colonial, S. de Amorrortu e hijos - Buenos Aires,
1941.
-
MAYOL LAFFERRÉRE,
Carlos: “Historia
Antigua de la Capilla de Tegua
– Boletín del Instituto de Estudios Históricos
“Lorenzo Suárez de Figueroa”, Nº2- Huanchilla, 1976.
-
CAPILLA DE TEGUA:
http://www.unrc.edu.ar/publicar/22/siete
[tomado el 14/03/08] – Carlos Mayol Lafferére/Alberto Manuel
Cubría.
-
Agradecemos las atenciones recibidas de parte del Sr.
Néstor
Zunino
en su carácter de
Intendente de la Municipalidad de Elena
así como al
Sr. Julio Oviedo
que nos condujo hasta la Capilla. Para ambos, nuestro
reconocimiento
por
la
preocupación
que dispendian por
este monumento.

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