IGLESIA-PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED
ESTANCIA JESUITICA
DE ALTA GRACIA
"Alta
por aires serranos
y más por altos afectos
gracia que viene de Dios
y se hace paz en el huerto."
expresa,
en un bello poema, el Arq. Rodolfo Gallardo
Martín Noel, con su clásica prosapia y su lenguaje
técnico-poético, refiriéndose al estilo barroco jesuítico,
decía: “La que mejor refleja precisamente en su reducida
escala tales características, es Alta Gracia. Voluntad
geométrica curvilínea que se acentúa en el crucero de
breves brazos convexos coronados por frontones circulares.
Gallarda es esta cúpula, al igual que las de Jesús
María y Santa Catalina, pero la que traemos en tema es la
que mejor se ajusta al ritmo del conjunto con sus
lumbreras abombadas, consolas contrapuestas, pináculos y
linterna de movidos y armoniosos dintornos condignos del
estilo.
Campea en ella un algo de
la Capilla de San Antonio de Aranjuez.
Una airada espadaña completa el efecto evangélico del ábside de
la iglesia, trayendo en su arabesco ritmos gaditanos y del
Guadalquivir. El imafronte penetrado de lo brasileño lusitano
con sus donosos contrafuertes, quebrados frontones de líneas
abiertas y los originales estilóbatos de las pareadas pilastras,
vibran al perfilarse por encima de escalinatas pretiles y
terrazas mientras la portada del convento, remedando el juego
cóncavo y convexo de las sabias estructuras apuntadas,
interrumpe el muro de la clausura…”
“… en el interior del templo remanentes hay que
acreditan su antiguo ajuar y alojamiento. Entre ellos dignos de
mención son el elegante confesionario y las dos hermosas puertas
de bien perfilado molduraje y cuarterones labrados con óvalos,
soles y filigranas…”.
Imágenes de la primera mitad del Siglo XX
Imágenes de 2008
Paravachasca, era el nombre que los indios daban a una amplia
región al sur de la recién fundada Córdoba de la Nueva
Andalucía. Don Juan Nieto, compañero de expedición de Don
Jerónimo Luis de Cabrera, el 8 de abril de 1588, recibe en
merced esas tierras, convirtiéndose en su primer propietario con
los títulos de acuerdo a las leyes de la corona española. Este
escribano de Cabildo y luego de Gobierno, se había casado con
Estefanía de Castañeda con la cual tienen una hija llamada
María.
En 1609 fallece y la merced de Paravachasca pasa a manos de doña
Estafanía y su hija. Al poco tiempo fallece ésta y la viuda, en
1612 contrajo nuevas nupcias con don Alonso Nieto de Herrera,
quien se hace cargo del manejo de todos los bienes de la familia
y funda una estancia a la que le da el nombre de Nuestra Señora
de Alta Gracia, en honor a la patrona de Algarrobilla de
Alconétar, su pueblo natal en España.
En 1623 fallece su esposa Estefanía y él hereda, plenamente, los
bienes de su esposa. Al poco tiempo, don Alonso Nieto de Herrera
contrajo enlace con Juana Solís Benavente, pero volvió a quedar
viudo. Esta vez, en soledad y sin descendencia de ambos
matrimonios, don Alonso Nieto de Herrera, a la edad de setenta y
ocho años, decide ingresar a la Compañía de Jesús, donando a
ésta todos sus bienes, que eran muchos.
“…Y ansi siguiendo la voluntad, de nuestro buen Dios y Señor,
de mi agradable voluntad, por servir a su divina majestad otorgo
por la presente que desde ahora para siempre jamás hago gracia y
donación plena, perfecta e irrevocable que el derecho llama
inter vivos al Colegio de la Compañía de Jesús de esta ciudad de
los bienes muebles y pastos que el Señor me ha dado que son los
siguientes:
La Estancia nombrada Nuestra Señora de Altagracia a 5 leguas de
esta ciudad, poco más o menos conforme a los títulos que de ella
tengo…”,
dice en parte la escritura de donación, dada en Córdoba el 24 de
junio de 1643.
La Iglesia de la Estancia de Alta Gracia, tiene antecedentes en
una capilla que había hecho construir Nieto antes de donar sus
bienes.
El padre Juan Pastor le escribe al padre general Goswino
Nickel en 1654, diciéndole: “… El hermano Alonso Nieto de
nuestra Compañía, insigne benefactor del Collegio de Córdoba del
Tucumán, pide un jubileo s su Santidad párale día de
la Fiesta de la Titular de una iglesia que está en una hacienda
que a dado al dicho Collegio con licencia de V.P. se lo
procurare alcanzar”.
La capilla era muy precaria y los jesuitas
decidieron construir otra, pero ésta tampoco entusiasmaba mucho
a Nieto, a tal punto que el padre general, el 30 de enero de
1654 le escribía al padre provincial: “…
El Hermano Alonso
Nieto de herrera desea que
la Capilla que se ha hecho a Nuestra Señora de Alta Gracia sea
más capaz y decente y que a la Santa Imagen se le haga un
tabernáculo para que acuda más gente y aumente la devoción.
Estimaré que V.R. coopere a lo que tiene dicho Hermano y le
consuele solicitando el cumplimiento de su deseo, si no
hubiere razón o causa considerable que lo impida …”.
Más allá de la declaraciones de la esclava Lucía Trejo, es
evidente que la actual obra no está emplazada donde la capilla
de Nieto, en la “vieja estancia”. Al trasladarse hicieron una de
“tapial”, que fue reemplazada posteriormente por la sala que hoy
ocupa la biblioteca del obraje y más adelante, se construyó la
actual; tarea que demandó muchos años.
No se dispone de fecha cierta de inicio y menos definiciones
del desarrollo de la obra. Solo algunas referencias como
la de 1666, donde se afirma que Barrientos Francisco
Quevedo, fallecido el 12 de diciembre de ese año, fue enterrado
en la “iglesia
de la estancia de Altagracia, estancia de los Padres de
la Compañía; y se le dijo una misa por su alma”.
El padre Luis de Roca, en calidad de provincial, visita la
estancia en 1723, donde se continúan las obras en la residencia,
la iglesia, el cementerio y el obraje. En 1718, se comienza a
asentar las novedades en el Libro de Cuentas de la estancia. Se
inscriben los inventarios cuando un padre estanciero le entrega
a otro, los bienes de la estancia. El 11 de febrero de ese año,
cuando el padre Lucas Zabala le entrega al padre Diego Ruiz de
Llanos, dice con respecto a la iglesia:
“… Las alhajas de la iglesia constara de la entrega del padre
José Mateo y solo añadió una alfombra que consta 1505 y consta
del Libro de
la Sacristía…”.
En las Annuas de 1720-1730, el padre Lozano manifiesta que se
está terminando el edificio del obraje, pero que también, “en
Alta Gracia se ha construido una hermosa capilla con bóvedas de
cal y ladrillo…”.En
septiembre de 1733, en el libro de cuentas, se asienta que se
han traído 600 ladrillos para la construcción de la sacristía.
El 20 de abril del año siguiente, el padre provincial,
manifiesta en su memorial: “… En viniendo el Hermano Andrés
Blanqui dirigirá la obra de este Colegio y la del Colegio
Convictorio, y también la de Altagracia, Jesús María y San
Ignacio de los Ejercicios de suerte que en ninguna se le
precise, a que trabaje personalmente dicho Hermano a todas, y a
cada una de ellas para dirigirlas …”.
La iglesia ya estaba techada cuando llegó Giovanni Andrea
Bianchi, aunque todavía faltaba mucho para concluirla. Es
sumamente probable que el proyecto del edificio corresponda al
hermano Johann Kraus S.J. y que Bianchi haya dirigido parte de
la obra, en especial el obraje, desde su radicación en Córdoba
en 1728.
Las decoraciones finales de portada de ingreso, fachada de la
iglesia y coronamiento de los claustros son atribuibles al
bávaro Harschl. El padre milanés José Brassinelli es,
probablemente, el autor del retablo ejecutado en algún pueblo de
las misiones guaraníes.
En 1760 el padre Contucci, anotaba en un memorial que se han
hecho para la fábrica de la capilla, ciento veintiocho mil
ladrillos y 1.300 fanegas de cal. El muro y el portal de ingreso
que cierra el lado este del Patio Mayor y la iglesia se
concluyeron en 1762, fecha grabada en el portal del frente y en
la base de la cruz que corona la fachada de la iglesia.
El templo de la Estancia de Alta Gracia, Parroquia Nuestra
Señora de la Merced, es de planta longitudinal de una sola nave,
cubierta con bóveda de cañón corrido, con transepto, insinuado
por un ensanchamiento espacial hacia el exterior, a través de
un muro curvo generando una especie de crucero, que sostiene
una cúpula no muy peraltada, asentada en falso y bajo tambor
que descansa sobre arcos abocinados laterales, acompañando de
ese modo a la delicadeza general del diseño volumétrico;
mostrando al exterior un volumen limitado por planos suavemente
curvados, en lugar de la usual terminación plana. En el tambor
resaltan óculos ovalados, cuyos techos añaden riqueza formal al
conjunto. La media naranja culmina con una linterna.
Todo esto hace que la luz juegue un papel fundamental en la
percepción espacial, ya que la misma penetra suavemente desde el
ingreso y a medida que se avanza su graduación va en aumento,
hasta su máxima expresión en el crucero, resaltando el retablo
del altar mayor, ricamente trabajado en dorado, con sus columnas
salomónicas y un el elaborado coronamiento.
Reemplazando la inexistente torre campanario, se encuentra una
espadaña plana con aletas laterales, arcos semicirculares en dos
filas con tres aberturas para las campanas.
La sacristía de planta octogonal con cupulín de movimientos
ondulantes, resuelto con techos a dos aguas y en pendiente,
proporcionan gracia y belleza en este tranquilo barroco
colonial.
La fachada muy elaborada, mira al este, y se presenta en tres
áreas verticales. La central con su puerta de ingreso de doble
hoja de madera tallada, coronada por un arco con orejones, sobre
ella la importante ventana coral, ambas enmarcadas por pares de
pilastras apareadas , propias del barroco italiano tardío,
rematadas por un entablamiento mixtilíneo y quebrado,
preludiando la presencia de la cúpula. Las áreas laterales son
más bajas y se vinculan a la central por medio de las volutas
superiores rematando en pináculos piramidales.
En el colorido interior del templo se destaca el retablo
principal, el cual, es el centro de atención por excelencia. Es
de madera dorada a la hoja y posee grades efectos luminosos que
surgen de su inquietante y movida planta. En tiempos de la
expulsión se encontraba su sagrario “con cortinas de brocato
de tela”. Del lado del evangelio tenía otro sagrario y de
“bastante uso, con puerta de una mano, cerradura y llave, con
dos columnas chicas a los lados y tiene de lato y anchos dos
tercias”. Sobre el sagrario había una urna para depositar
el Jueves Santo.
En los cabezales del transepto se conservan dos altares de
ladrillo estucados compuestos aún, de “dos columnas y
varias molduras y cornisas de lo mismo pintado de colores y
embutidos cuatro cristales redondos de una cuarta, y bajo dos de
ellos están varias reliquias de Santos mártires con sus
cartelitos”.
El volumen de la obra se destaca del entorno por su ubicación en
un alto del terreno precedido por un atrio semicircular al cual
se accede por tres escalinatas.
La iglesia, considerada por Buschiazzo, como:
“…el más barroco y
movido de los edificios de las estancias cordobesas…”, está
definida por formas curvas que se manifiestan en su planta y en
su alzado, siendo un ejemplo único en nuestro país y
“se encuadra, aunque algo tímidamente en la audacia de la curva
barroca europea como límite para definir un espacio de
particulares connotaciones psicológicas y simbólicas”.
Datos complementarios:
La expulsión
...
El padre José Manuel Peramás (1732-1793) y el padre Gaspar
Juarez (1731-12801) testigos presenciales de aquel violento
atropello, narran en sendos documentos lo sucedido. Se
encontraban en la estancia: el cura Pedro Nolasco López, el
administrador Juan de Molina y el obrajero Francisco Benito,
cuando el 14 de julio de 1767, los soldados llegaron a Alta
Gracia, para hacer cumplir en ella, la orden de expulsión que
Carlos III, intimada por su Real Decreto del 2 de febrero de
1767.
“El padre Nolasco iba á decir Misa cuando llamaron á la
portería. Iba por cabo un ciudadano de Córdoba, llamado Casas,
muy conocido por su nacimiento y mucho más por sus obras, las
que le merecieron hacerse señalado , pues le faltaba una oreja”.
“Este, pues, se encontró con el P. y le dijo: ‘Dese V.R.
preso por que ya se acabó la Compañía para siempre’, y esto
con tanto orgullo y alegría, como si en ello fuera a ganar
mucho, siendo así que iba á perder tanto él y todos los demás de
estas Provincias, como lo conocía otro de los que le
acompañaban, llamado Cabrera que hablando con el P. Molina le
dijo’ Ah! Padre, Dios quiere castigar á estas tierras; sacando
á VV.RR. ya no tenemos seguridad; vendrán los indios.
“Intimándoles el decreto, pidieron las plata y no encontraron
más de 10 pesos. Casas se mostró tan celoso, que mandó
estuvieran 4 soldados don bayoneta calada asistiendo á la misa
para consumir al señor. Tapiaron la puerta de la Iglesia, que
era hermosa, y por la tarde emitió los sujetos…”.
Los padres fueron conducidos prisioneros a Córdoba y
encerrados en el refectorio del Colegio, junto a sus compañeros
jesuitas y para el día 22 se determinó la salida de Córdoba a
Buenos Aires, camino al destierro,
Eusebio Uzedo quedó a cargo de la estancia y lo
sucedieron Lorenzo de las Casas, Francisco Calvete y el
subteniente Pedro Bermúdez. Se hace el primer inventario de
todos los bienes, el que fuera anotado en el año 1771, ante el
escribano Pedro Antonio de Sosa.
Juntas de Temporalidades...
Una Cédula Real del 27 de marzo de 1769 crea las Juntas de
Provinciales y Municipales de Temporalidades. En Córdoba, con un
presidente y tres vocales se creó la Junta el 11 de junio de
1770, teniendo como obligaciones más importantes, la de
fiscalizar las administraciones y organizar las ventas de todos
los bienes confiscados a los jesuitas.
La de Alta Gracia, al igual que el resto de las
estancias, fueron muy mal administradas, con un desmantelamiento
en su aparato productivo, dando pérdidas a lo largo de los cinco
años: El gobernador Juan José de Vértiz fue quien, en 1772,
dispuso el remate público de las estancias y demás bienes.
44.527 pesos fue la cifra en que don José Rodríguez adquirió la
estancia de Alta Gracia, público, prometiendo pagarla en tres
cuotas a lo largo de nueve años, otorgando en garantía su
propiedad de Córdoba, la vivienda que compartía con su esposa
doña Felipa Catalina Ladrón de Guevara, conocida como la “Casa
del Virrey”, actual Museo Provincial Marqués de Sobre Monte.
En 1786, fallece don José, sin aportar un peso por la compra
efectuada. La Junta amenazó ejecución y embargo de bienes, ya
que la deuda había crecido a 69.017 pesos y la concreta el 26 de
agosto de 1789, para cubrir la deuda. Los herederos solicitaron
nuevo plazo y rebajas en el monto de lo adeudado.
El 11 de mayo de 1796, el gobernador intendente marqués de Sobre
Monte, junto al cura rector de la Catedral Dr. José Tristán y
Moscoso y otras autoridades, cumplidas todas las formalidades de
rigor, asignan la venta por remate a don Juan del Signo, quien a
posteriori, manifiesta que la compra, la había hecho a favor de
don Antonio Arredondo y don Victorino Rodríguez.
El 17 de enero de 1810, un nuevo propietario entra en la
historia de la estancia, el héroe de las invasiones inglesas,
don Santiago de Liniers y Bremond. . 11.00 pesos fue la cifra
que estipuló para la venta. Pocos días después, Liniers le
comentaba a su amigo Antonio de Letamendi que “he colgado la
espada para empuñar el arado; cuando considero que la casa e
iglesia, toda de piedra, ladrillo y cal, todo de bóvedas, si
fuese a edificar no se podrían hacer [por] menos de
150.000 pesos, me asombro de mi adquisición”
El efímero paso de Liniers por Alta gracia con todas sus
ilusiones y proyectos, tuvieron un punto final en el Monte de
los Papagayos, cerca de Cruz Alta, el 26 de agosto de 1810.
Estaba convencido que debía defender al rey, pero fue “pasado
por las armas” junto a sus infortunados compañeros,
transformándose en la primera víctima de la revolución que daría
la independencia. . Al decir de Paul Groussac: “los últimos
héroes de
la Patria Vieja, fueron las primeras víctimas de la Patria
Nueva”.
Diez años después, el 13 de mayo de 1820, don José Manuel
Solares, vecino del lugar, escritura a su nombre la estancia,
que había comprado en remate, el anterior 31 de agosto. El
“Patriarca de Alta Gracia”, íntimamente ligado a la educación a
lo largo de toda su vida, puede ser considerado el fundador de
Alta Gracia; como dicen sus biógrafos “sí lo es, real y
concretamente, porque dio vida o sea creó, organizó y delimitó
la vida de Mercedes”, como fue su deseo que se llamara.
La Junta de Temporalidades
había
otorgado
el patronato de la Iglesia a
la familia Rodríguez,
como
primeros propietarios
privados de la estancia. Conservan el patronato en la venta a Liniers. Solares la ostenta durante su vida y lo hereda su
sobrino, Telésforo Lozada, quedando anotado en el punto 25 del
testamento de aquel:”… Ordeno y mando que la expresada Villa
sea titulada de mercedes y que para
la Iglesia de Altagracia nombre su patrono a Don Telésforo
Lozada quien se encargará del patronato luego de mi
fallecimiento, así lo declaro para que conste…”
La Parroquia ...
En tiempos de la Junta, Alta Gracia pertenecía al Curato de la
ciudad de Córdoba, con sede en la catedral. Se nombró como cura
al padre Juan Justo Rodríguez (1751-1832), hijo de Manuel
Rodríguez, a su vez patrono de la iglesia.
El curato de Anejos, creado por el Obispo fray José Antonio de
san Alberto, con sede en la Capilla Nuestra Señora de la
Candelaria de la estancia de La Lagunilla, tuvo una primera
división el 22 de enero de 1856 y luego el 12 de octubre de
1894, Anejo Sur toma el nombre de Santa María. El primer cura
párroco fue el Dr. Pedro Vicente Ferreyra (1750-1814).
En 1810 pasa a ser vice-parroquia, compartiendo con la Capilla
de San Vicente ubicada al norte.
Declaraciones Patrimoniales
...
El 14 de mayo de 1941, la estancia de Alta Gracia fue declarada
Monumento nacional por Decreto Nº 90.732/41 donde se lee: ..”
estancia jesuítica de Córdoba, con colegio y templo. Éste último
de gran originalidad, en cuya construcción intervino el
arquitecto hermano Blanqui, se concluyó en 1726…”
El 26 de marzo de 1954, por decreto (ampliatorio) Nº 4724,
“decláranse monumentos históricos los siguientes inmuebles
situados en la provincia de Córdoba: la estancia (hoy llamada
Casa del Virrey), el obraje, el mirador, el tajamar, y las
ruinas de los que fueron el viejo molino y batanes…”.
El 23 de septiembre de 1965, por decreto Nº 8.293, el presidente
Arturo U. Illia, declara de “utilidad pública” a la “Estancia
de Alta Gracia”. Se debieron efectuar seis expropiaciones para
integrar el actual patrimonio que compone la estancia.
El 2 de diciembre de 2000 como parte del sistema Jesuítico
Cordobés, Alta Gracia, las otras estancias y la Manzana de la
Compañía: Iglesia, Capilla Doméstica, Residencia de los Padres,
Rectorado de la U.N.C. y Colegio Monserrat, fueron declaradas
por la UNESCO: Patrimonio de la Humanidad.
Forma parte de la estancia jesuítica de Alta Gracia, que fuera
destinada por los padres de la Compañía para contribuir con el
mantenimiento del Colegio Máximo y el templo, en Córdoba. Este
centro rural estaba integrado por la Residencia (actual
museo),
la Iglesia,
(actual Parroquia Nuestra señora de
la Merced)
el Obraje donde se desarrollaban las actividades
industriales, la Ranchería (vivienda de negros
esclavos), el Tajamar (dique de
80 m de largo),
los Molinos Harineros, el Batán (edificio que
alberga una máquina movida por el agua y compuesta por mazos de
madera cuyos mangos giran sobre un eje para golpear, desengrasar
los cueros y dar consistencia a los paños) y otras
construcciones que datan de los siglos XVII y XVIII.
La visión de Juan Kronfuss ...
Fuentes de consulta:
BUSCHIAZZO, Mario J.,
Estancias Jesuíticas de Córdoba, Filmediciones Valero, Buenos
Aires.
DELTROZZO, Marta y FREGUGLIA de NANZER, Teresa –
Estancia de Alta Gracia, Documentos para una historia de la
arquitectura argentina. Arquitectura colonial argentina. Ed.
Summa, Buenos Aires, 1987, pag. 51.
FURLONG CARDIFF, Guillermo, S.J., Arquitectos Argentinos
durante la dominación hispánica - Editorial Huarpes, S.A. -
Buenos Aires, 1945.
GALLARDO, Rodolfo (Ver
Biografía),
La Estancia de Alta Gracia, Diario La Voz del Interior,
28/01/1985.
GRACIA S.J., Joaquín, Los jesuitas en Córdoba, Ed.
Espasa Calpe, Buenos Aires, 1940.
KRONFUSS, Juan, Arquitectura Colonial en la Argentina -
Editorial A. Biffignandi, Córdoba
LAZCANO GONZALEZ, Antonio, Monumentos Históricos de Córdoba
Colonial - S. de Amorrortu e hijos,Buenos
Aires, 1941.
NOEL, Martín- Documentos de Arte Argentino. Cuaderno XIV –
La trayectoria Puneña y el Barroco Jesuítico. Academia
Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, 1942.
PAGE, Carlos Alberto. La Estancia Jesuítica de Alta Gracia
-Ediciones
Eudecor, Córdoba, 2.000